Star Wars – Imperio Destruido

Star Wars: Imperio Destruido (originalmente titulado *Star Wars: Shattered Empire*) es una miniserie de cuatro números publicada por Marvel Comics en 2015, que se integra dentro del canon oficial de la franquicia. Escrita por el veterano Greg Rucka e ilustrada por el artista Marco Checchetto, esta obra fue concebida como la piedra angular del proyecto editorial "Rumbo a Star Wars: El Despertar de la Fuerza", diseñado para cerrar la brecha narrativa de treinta años entre la trilogía original y las secuelas producidas por Disney.

La historia comienza exactamente en el clímax de *El Retorno del Jedi*. Mientras la segunda Estrella de la Muerte explota sobre la luna forestal de Endor, la galaxia celebra lo que parece ser la caída definitiva de la tiranía. Sin embargo, el guion de Rucka se aleja rápidamente de la euforia festiva para centrarse en una realidad militar cruda: la muerte del Emperador Palpatine y de Darth Vader no supuso la rendición automática de las fuerzas imperiales. El Imperio, aunque descabezado, sigue poseyendo una maquinaria bélica inmensa, una burocracia de hierro y miles de oficiales dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias.

El peso de la narrativa no recae sobre los hombros de Luke Skywalker, Leia Organa o Han Solo, aunque estos aparecen de forma tangencial y significativa. En su lugar, la trama se centra en dos nuevos personajes: la teniente Shara Bey, una talentosa piloto de Ala-A, y su marido, el sargento Kes Dameron, un soldado de las fuerzas especiales de la Alianza Rebelde. A través de sus ojos, el lector experimenta el agotamiento de quienes han pasado años en el frente y descubren que la victoria en Endor no es el final del camino, sino el inicio de una fase mucho más caótica y peligrosa del conflicto. Para los seguidores de la saga, estos protagonistas tienen una relevancia especial, ya que son los padres de Poe Dameron, el piloto estrella de la Resistencia.

El conflicto central del cómic gira en torno a la ejecución de la Operación Ceniza (*Operation: Cinder*). Este es un protocolo de contingencia póstumo diseñado por el propio Palpatine para asegurar que, en caso de su muerte, ni el Imperio ni la Rebelión puedan heredar la galaxia. La trama sigue a Shara Bey en diversas misiones de alto riesgo junto a los iconos de la saga, tratando de interceptar los ataques climáticos y las purgas que el remanente imperial está llevando a cabo en planetas estratégicos, incluido Naboo.

Visualmente, el trabajo de Marco Checchetto es sobresaliente. Su estilo detallado y realista aporta una textura cinematográfica que encaja perfectamente con el tono de la historia. Las batallas espaciales están coreografiadas con una claridad asombrosa, y el diseño de los nuevos uniformes y naves respeta la estética de la trilogía original mientras introduce elementos que anticipan la era de la Primera Orden. El uso del color por parte de Andres Mossa refuerza esta atmósfera, alternando entre el brillo de las explosiones espaciales y la oscuridad opresiva de los centros de mando imperiales.

*Imperio Destruido* destaca por su enfoque en la logística de la guerra y la transición política. Muestra cómo la Alianza Rebelde debe transformarse rápidamente en la Nueva República, gestionando no solo la guerra abierta, sino también la propaganda y la estabilización de sistemas que aún temen las represalias imperiales. Es un cómic que desmitifica la idea de un final feliz inmediato, explorando el concepto de que un imperio no muere con un solo golpe, sino que se desmorona lentamente, dejando tras de sí un rastro de destrucción.

En resumen, esta obra es esencial para cualquier lector que desee comprender el estado de la galaxia tras la caída de la Estrella de la Muerte. Greg Rucka logra equilibrar la acción trepidante con momentos de intimidad familiar, ofreciendo una perspectiva humana sobre el coste de la libertad y el legado que los héroes de la Rebelión dejaron a la siguiente generación. Es una pieza de arqueología narrativa que explica por qué, décadas después, la galaxia sigue marcada por las cicatrices de una guerra que muchos creyeron terminada en los bosques de Endor.

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