Publicada originalmente por Marvel Comics en 2016, la miniserie de cinco números 'Star Wars: Han Solo' se sitúa cronológicamente entre los eventos de *Una nueva esperanza* y *El Imperio contraataca*. Escrita por Marjorie Liu y dibujada por Mark Brooks, con colores de Sonia Oback, esta obra se aleja de las grandes batallas campales de la Alianza Rebelde para centrarse en la esencia más pura del contrabandista más famoso de la galaxia: su identidad como piloto y su reticencia a aceptar su nuevo rol como héroe de la Rebelión.
La premisa narrativa arranca con un Han Solo que, a pesar de haber ayudado a destruir la Estrella de la Muerte, todavía se siente un extraño dentro de la estructura militar de la Alianza. Su lealtad está dividida entre su deseo de libertad y su creciente afecto por la causa (y por la princesa Leia). Es en este contexto donde surge la oportunidad perfecta: la Dragon Void Run, una legendaria y peligrosa carrera de naves espaciales que atraviesa sectores remotos de la galaxia. Para Han, ganar esta carrera ha sido el sueño de toda su vida; para Leia, la carrera es la cobertura ideal para una misión de alto secreto.
La trama se desarrolla en dos niveles paralelos que se entrelazan con maestría. Por un lado, tenemos el aspecto de espionaje: Han debe utilizar las paradas de la carrera para recoger a varios informantes rebeldes que están siendo cazados por un traidor dentro de la organización. Por otro lado, está la competición pura. La Dragon Void Run no es solo una prueba de velocidad, sino un desafío de resistencia, navegación y nervios de acero contra los mejores pilotos del universo, algunos de los cuales poseen naves tecnológicamente superiores al Halcón Milenario.
Uno de los puntos más fuertes del guion de Marjorie Liu es la introspección del protagonista. A través de monólogos internos, el lector accede a las dudas de Han. Él se ve a sí mismo como un pragmático, un hombre que solo cuida de sí mismo y de su copiloto Wookiee, Chewbacca. Sin embargo, la narrativa lo obliga a enfrentarse a la realidad de que ya no puede dar la espalda a los demás. La tensión entre su ego como piloto —que le exige ganar la carrera a toda costa— y su responsabilidad como agente rebelde —que le obliga a priorizar la seguridad de sus pasajeros— es el motor emocional de la historia.
Visualmente, el cómic es una joya del catálogo moderno de Star Wars. Mark Brooks realiza un trabajo meticuloso, dotando a cada nave y a cada alienígena de una textura y un detalle asombrosos. El diseño de los competidores de la Dragon Void Run es variado y creativo, alejándose de los tropos habituales de la franquicia para presentar estéticas nuevas y refrescantes. El Halcón Milenario, por su parte, es tratado con un respeto casi religioso; Brooks logra transmitir la sensación de que la nave es un personaje más, capturando su naturaleza de "pedazo de chatarra" que, en las manos adecuadas, es capaz de realizar milagros. El color de Sonia Oback complementa perfectamente el dibujo, utilizando paletas vibrantes para las nebulosas y el espacio profundo, contrastando con los tonos más sucios y realistas de los interiores de las naves.
La estructura de la miniserie mantiene un ritmo cinematográfico constante. Cada número eleva las apuestas, tanto en la carrera como en la intriga política. Los personajes secundarios, especialmente los pilotos rivales, están lo suficientemente bien perfilados para que el lector se interese por su destino, lo que añade una capa de urgencia a la competición. No se trata solo de Han Solo contra el cronómetro, sino de un choque de personalidades y filosofías de vuelo.
En conclusión, 'Star Wars: Han Solo' es una obra imprescindible para entender la transición del personaje desde el cínico mercenario de la Cantina de Mos Eisley hasta el general de la Alianza que veríamos más tarde. Es un cómic que celebra la mitología de la velocidad y la pericia técnica dentro del universo de George Lucas, ofreciendo una historia contenida, visualmente espectacular y profundamente fiel a la voz de sus protagonistas.