El debut de *Star Trek* en el noveno arte es un hito histórico que precede incluso a la sindicación masiva que convirtió a la serie en un fenómeno de culto. Publicado originalmente por la editorial Gold Key Comics a partir de julio de 1967, el primer volumen de *Star Trek* representa una cápsula del tiempo fascinante, capturando la esencia de la ciencia ficción de la Edad de Plata y ofreciendo una interpretación visual y narrativa única que, en muchos aspectos, divergía de lo que los espectadores veían en sus pantallas de televisión.
Este primer volumen se caracteriza por ser una obra pionera. En un momento en que la serie original de Gene Roddenberry todavía estaba luchando por encontrar su audiencia en la NBC, Gold Key apostó por trasladar las aventuras de la USS Enterprise al formato de las viñetas. Sin embargo, debido a los largos tiempos de producción y a la limitada comunicación entre los estudios de televisión en California y los artistas de la editorial (muchos de ellos ubicados en Europa), el cómic desarrolló una identidad propia, casi paralela al canon televisivo.
Desde el punto de vista visual, el trabajo recayó principalmente en el artista italiano Alberto Giolitti y su estudio. La estética de este primer volumen es distintiva y, para el lector moderno, resulta encantadoramente anacrónica. Giolitti, un maestro del dibujo técnico y anatómico, dotó a las páginas de un realismo cinematográfico, aunque con detalles que hoy se consideran curiosidades históricas. Por ejemplo, en los primeros números, es común ver al Enterprise emitiendo estelas de fuego o humo por sus góndolas de propulsión, una interpretación errónea de cómo funcionaba el motor de curvatura, pero que aportaba un dinamismo visual propio de los cómics de aventuras espaciales de la época. Asimismo, los uniformes y los rostros de los protagonistas, aunque reconocibles, poseen una interpretación estilizada que a menudo se alejaba de los modelos oficiales de la serie.
Narrativamente, el volumen 1 de Gold Key se aleja de la introspección filosófica y los dilemas morales complejos que definirían a la franquicia en décadas posteriores. En su lugar, los guiones, escritos inicialmente por Dick Wood, se centran en la exploración pura y el enfrentamiento con lo desconocido. La estructura es episódica: cada número presenta una amenaza nueva, un planeta exótico o una civilización alienígena que desafía a la tripulación. El Capitán James T. Kirk es retratado como el héroe de acción definitivo, mientras que Spock mantiene su rol de contrapunto lógico, aunque en estas primeras historias su "frialdad" vulcaniana a veces se ve interrumpida por expresiones emocionales más humanas, fruto de la falta de una guía de estilo establecida para el personaje.
El tono de estas historias bebe directamente de la tradición de la ciencia ficción *pulp*. Los lectores encontrarán plantas carnívoras gigantes, ciudades flotantes, civilizaciones que imitan periodos históricos de la Tierra y entidades cósmicas de inmenso poder. No hay una continuidad rígida entre números; el enfoque está en la maravilla del descubrimiento y en la resolución de conflictos mediante el ingenio y la tecnología de la Federación. Es una visión de *Star Trek* donde la "Directriz Primaria" es a menudo un concepto flexible frente a la necesidad de aventura.
A medida que el volumen avanza, se percibe una evolución en la fidelidad hacia el material original, especialmente cuando guionistas como Len Wein comenzaron a involucrarse, aportando una mayor comprensión de la dinámica entre los personajes. Sin embargo, el encanto de este primer volumen reside precisamente en su libertad creativa y en su capacidad para expandir el universo de la serie más allá de las limitaciones presupuestarias de la televisión de los años 60.
En resumen, el Volumen 1 de *Star Trek* (Gold Key) no es solo el primer paso de la franquicia en el mundo del cómic, sino un ejercicio de imaginación desbordante. Es una lectura esencial para entender cómo la cultura popular procesó el fenómeno de la exploración espacial en sus inicios, ofreciendo una versión de la Enterprise que, aunque visualmente distinta a la que conocemos, mantiene intacto el espíritu de "llegar valientemente a donde nadie ha llegado jamás". Es una pieza de arqueología pop que combina el arte europeo de alta calidad con la narrativa de aventuras estadounidense, estableciendo las bases de lo que se convertiría en una de las expansiones literarias más vastas de la historia de la ciencia ficción.