SOS Felicidad (*SOS Bonheur*), publicada originalmente a finales de los años 80, es una de las obras más lúcidas, inquietantes y vigentes del cómic europeo contemporáneo. Fruto de la colaboración entre dos gigantes del medio, el guionista belga Jean Van Hamme (*XIII*, *Largo Winch*) y el dibujante polaco Grzegorz Rosiński (*Thorgal*), esta obra se aleja de la fantasía heroica para adentrarse en el terreno de la distopía política y la sátira social más mordaz.
La premisa de la obra nos sitúa en una sociedad occidental aparentemente próspera y ordenada, donde el Estado ha asumido un papel de "protector absoluto". Bajo el lema de garantizar la felicidad y el bienestar de todos sus ciudadanos, el sistema ha tejido una red burocrática y legislativa que monitoriza cada aspecto de la existencia humana. No se trata de una dictadura militar clásica basada en el terror explícito, sino de una tiranía administrativa donde la libertad individual ha sido canjeada, de forma gradual y voluntaria, por una seguridad garantizada por las instituciones.
Estructuralmente, *SOS Felicidad* se organiza inicialmente como una serie de relatos cortos independientes que, de manera magistral, terminan convergiendo en una trama global. Cada capítulo pone el foco en un ciudadano común que, por un azar del destino o un impulso de individualidad, choca contra los engranajes del sistema. A través de estas historias, Van Hamme disecciona diferentes pilares de la sociedad moderna:
En el ámbito de la salud, se nos presenta un mundo donde estar enfermo es una falta de civismo y donde el Estado decide quién merece tratamiento basándose en su utilidad social. En el sector del ocio, la obligatoriedad de las vacaciones y el entretenimiento programado revelan cómo el tiempo libre puede convertirse en una herramienta de control mental. La obra también explora la economía a través de un sistema fiscal tan asfixiante que anula cualquier rastro de privacidad, y la justicia, donde la presunción de inocencia es un estorbo para la eficiencia del orden público.
Uno de los puntos más fuertes del guion es cómo plantea el concepto del "Carnet de Identidad" y el registro de datos. Décadas antes de la era del *Big Data* y las redes sociales, Van Hamme ya anticipaba una sociedad donde la identidad digital y el historial de comportamiento definen los derechos de una persona. Los protagonistas de estos relatos no son héroes ni revolucionarios; son víctimas de una maquinaria que no admite el error humano ni la disidencia emocional.
El apartado gráfico de Grzegorz Rosiński es fundamental para transmitir la atmósfera opresiva de la obra. Alejándose del estilo detallista y épico de *Thorgal*, el artista opta aquí por un dibujo más sobrio, casi feísta en ocasiones, que enfatiza la grisura de la vida urbana y la frialdad de los despachos oficiales. Su uso de las sombras y las expresiones faciales captura perfectamente la angustia, la paranoia y la resignación de unos personajes que se descubren atrapados en una jaula de oro. La narrativa visual es directa y cinematográfica, permitiendo que el peso de la crítica social recaiga tanto en los diálogos como en la puesta en escena.
*SOS Felicidad* no es solo un cómic de ciencia ficción sociológica; es una advertencia sobre la fragilidad de las democracias y el peligro de delegar nuestra responsabilidad individual en manos de una autoridad centralizada. A medida que las historias avanzan, el lector percibe que el "Plan Maestro" del Estado para erradicar la infelicidad es, en realidad, un mecanismo para erradicar la humanidad misma.
En conclusión, esta obra se mantiene como un referente imprescindible por su capacidad para incomodar al lector. No ofrece respuestas fáciles ni finales complacientes. Al cerrar sus páginas, queda una pregunta flotando en el aire: ¿cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar a cambio de una falsa sensación de seguridad? Es una lectura densa, inteligente y necesaria que demuestra que el cómic es un vehículo perfecto para la reflexión filosófica y política de alto nivel.