Publicada originalmente en 2007 por Image Comics bajo el sello Shadowline, *Sorrow* es una miniserie de cuatro números que se erige como una de las piezas más asfixiantes y visualmente distintivas del horror moderno en el noveno arte. Escrita por Rick Remender y Seth Peck, y magistralmente ilustrada por Francesco Francavilla, la obra se aleja de los convencionalismos del género para adentrarse en un terreno donde el *noir* más sucio se funde con el terror sobrenatural y la crítica a la historia oculta de los Estados Unidos.
La premisa de *Sorrow* parte de un tropo clásico del cine de género: un grupo de jóvenes adultos —Danny, su hermana Abby y sus amigos— viajan por las áridas carreteras de Nevada con destino a Las Vegas. Sin embargo, lo que comienza como un viaje de placer se tuerce cuando un accidente automovilístico los deja varados en medio de la nada. La búsqueda de ayuda los conduce a un pequeño pueblo que no aparece en los mapas convencionales, una localidad cuyo nombre da título a la obra: Sorrow.
Desde el momento en que los protagonistas ponen un pie en Sorrow, la narrativa establece una atmósfera de fatalismo absoluto. El pueblo no es simplemente un lugar olvidado por el tiempo; es una cápsula de aislamiento que parece regirse por leyes propias, tanto sociales como físicas. Remender y Peck utilizan este escenario para explorar la idea del "sueño americano" podrido desde sus cimientos. Sorrow tiene un pasado vinculado a las pruebas nucleares de la década de los 50, un detalle que no es meramente decorativo, sino que impregna la mitología del lugar y la psicología de sus habitantes.
El guion destaca por su ritmo implacable. A diferencia de otras obras que dilatan el misterio, *Sorrow* sumerge al lector rápidamente en una espiral de paranoia. Los habitantes del pueblo presentan un comportamiento errático y sectario, sugiriendo que la comunidad ha desarrollado una simbiosis con algo oscuro que habita en las profundidades del desierto. La tensión no proviene solo de la amenaza externa, sino de las dinámicas internas del grupo de amigos, cuyas debilidades y secretos comienzan a aflorar bajo la presión del entorno.
El apartado gráfico de Francesco Francavilla es, sin lugar a dudas, el alma de este cómic. Su estilo, fuertemente influenciado por el *pulp* y el expresionismo alemán, utiliza un contraste de blancos y negros extremadamente agresivo, complementado por una paleta de colores limitada pero efectiva que enfatiza los tonos ocres, naranjas y sombras profundas. Francavilla logra que el desierto de Nevada se sienta claustrofóbico; las sombras en *Sorrow* no son solo la ausencia de luz, sino una presencia física que parece acechar a los personajes en cada viñeta. Su diseño de personajes y la arquitectura decadente del pueblo refuerzan la sensación de que los protagonistas han entrado en una dimensión donde la esperanza ha sido erradicada.
Temáticamente, la obra profundiza en la culpa y el castigo. El nombre del pueblo, que se traduce literalmente como "Pena" o "Dolor", funciona como un eje central. Los autores plantean que Sorrow es un lugar donde los pecados del pasado —tanto los individuales como los colectivos de una nación— se manifiestan de formas grotescas. No hay héroes tradicionales en esta historia; solo hay supervivientes que intentan desesperadamente no ser consumidos por una oscuridad que parece conocer sus fallos más íntimos.
En lugar de recurrir a sustos fáciles o *gore* gratuito, *Sorrow* construye su horror a través de la inquietud psicológica y la iconografía perturbadora. La estructura de la miniserie permite un desarrollo conciso, sin subtramas innecesarias, manteniendo el enfoque en la huida de los protagonistas y el descubrimiento gradual de la verdadera naturaleza del pueblo. Es una lectura que exige atención, ya que gran parte de la historia se cuenta a través de la atmósfera y los detalles visuales que Francavilla inserta en los fondos.
En conclusión, *Sorrow* es un ejercicio de estilo impecable que demuestra la versatilidad de Rick Remender antes de sus grandes éxitos en Marvel o Image, y consolida a Francavilla como uno de los narradores visuales más potentes de su generación. Es una obra cruda, desprovista de concesiones al lector, que utiliza el horror para hablar de la soledad, el aislamiento y las cicatrices imborrables de la historia. Para el lector que busca una experiencia de terror puro, con una estética cinematográfica y una narrativa que no da tregua, este cómic se mantiene como una referencia ineludible dentro del catálogo de Image Comics.