Solo un peregrino (*Just a Pilgrim*) es una de las obras más crudas, viscerales y nihilistas nacidas de la colaboración entre dos gigantes del noveno arte: el guionista norirlandés Garth Ennis y el dibujante español Carlos Ezquerra. Publicada originalmente a principios de los años 2000, esta obra se aleja de los heroísmos convencionales para sumergir al lector en un post-apocalipsis donde la esperanza es un recurso más escaso que el agua.
La premisa nos sitúa en un futuro devastado por un evento catastrófico conocido como "El Gran Incendio" (*The Burn*). En este escenario, el sol ha aumentado su intensidad de forma drástica y repentina, provocando la evaporación total de los océanos y convirtiendo la superficie terrestre en un páramo estéril de sal y arena. La civilización, tal como la conocemos, ha colapsado por completo, dejando atrás un mundo donde la supervivencia depende de la capacidad de adaptación a un entorno extremadamente hostil y a la ausencia total de leyes.
El protagonista, conocido simplemente como el Peregrino, es una figura enigmática, imponente y profundamente perturbadora. Con una cruz grabada a fuego en su rostro y una fe inquebrantable que raya en la psicopatía, recorre los lechos marinos secos portando una Biblia en una mano y un arsenal de armas en la otra. El Peregrino no es un héroe en el sentido tradicional; es un hombre con un pasado oscuro y violento que ha encontrado en la religión una forma de canalizar su naturaleza salvaje. Su misión personal es predicar la palabra de Dios en un mundo que parece haber sido abandonado por la divinidad, aunque su método de evangelización suele implicar el uso de una violencia extrema contra aquellos que considera pecadores o amenazas.
La trama principal de este primer arco argumental comienza cuando el Peregrino se cruza con un grupo de supervivientes, una caravana de colonos que intenta cruzar el antiguo lecho del Océano Atlántico. Estos hombres, mujeres y niños buscan un lugar legendario donde supuestamente todavía existe agua y la vida es sostenible. El Peregrino, movido por una mezcla de deber religioso y un código moral propio muy distorsionado, se convierte en su protector y guía a través del desierto de sal.
Sin embargo, el camino está plagado de peligros que van más allá de la deshidratación y el calor insoportable. El grupo debe enfrentarse a bandas de saqueadores, mutantes deformados por la radiación solar y, lo más importante, a la propia naturaleza humana degradada por la desesperación. A lo largo del viaje, Ennis utiliza al Peregrino para explorar la intersección entre la fe extrema y la brutalidad necesaria para sobrevivir. El protagonista actúa como juez, jurado y verdugo, manteniendo una dualidad constante: es el salvador de los débiles, pero también un monstruo que aterroriza a aquellos a quienes protege.
El apartado visual de Carlos Ezquerra es fundamental para la identidad del cómic. El creador visual de *Judge Dredd* aporta un estilo sucio, detallado y áspero que encaja a la perfección con el tono de la historia. Ezquerra logra transmitir la sensación de calor sofocante y la vastedad desoladora de los océanos secos. Su diseño del Peregrino es icónico, logrando que el personaje resulte intimidante incluso en los momentos de silencio. La narrativa gráfica es dinámica, destacando especialmente en las secuencias de acción, que son explícitas y cargadas de la crudeza característica de los trabajos de Ennis.
Solo un peregrino no es solo una historia de supervivencia; es una crítica mordaz a la religión institucionalizada y una reflexión sobre la capacidad del ser humano para encontrar significado en el caos absoluto. Garth Ennis evita los clichés del género post-apocalíptico al centrarse en la psicología de un hombre que ha abrazado la locura religiosa como un escudo contra la realidad de un mundo muerto. La obra destaca por su ritmo implacable, sus diálogos afilados y una atmósfera de desesperanza que se mantiene hasta la última página. Es una lectura esencial para quienes buscan un cómic adulto, oscuro y que no teme mostrar la cara más amarga de la condición humana bajo un sol abrasador.