*Snaked*, publicada originalmente por IDW Publishing, es una de esas obras que habitan en los márgenes del cómic independiente, ofreciendo una narrativa que desafía las clasificaciones convencionales al hibridar el thriller político, el horror corporal y la sátira social más mordaz. Escrita por Clifford Meth y visualmente orquestada por el artista Rufus Dayglo, la miniserie se presenta como una incursión visceral en las cloacas del poder, donde la metáfora de la "sangre fría" política se manifiesta de una forma literal y perturbadora.
La trama se centra en Bill Rattler, un hombre que personifica el arquetipo del "fixer" o solucionador de problemas en el entorno de la alta política estadounidense. Rattler es el encargado de limpiar los rastros de escándalos, manipular la opinión pública y asegurar que los secretos de los poderosos permanezcan enterrados. Sin embargo, lo que diferencia a Rattler de cualquier otro operador político no es solo su falta de escrúpulos, sino una condición biológica única y grotesca: Bill es, en esencia, un hombre serpiente. No se trata de un superpoder en el sentido heroico del término, sino de una anomalía física que lo obliga a mudar de piel periódicamente y que le otorga una naturaleza depredadora y alienada del resto de la humanidad.
El guion de Clifford Meth utiliza esta premisa para explorar la deshumanización inherente al ejercicio del poder. A través de los ojos de Rattler, el lector es testigo de un mundo donde la lealtad es una moneda de cambio y la moralidad un estorbo. La narrativa no busca la redención del protagonista; por el contrario, se regodea en su cinismo. Rattler es un paria que ha encontrado su lugar perfecto en un ecosistema —la política de Washington— que es tan reptiliano como él mismo. La historia arranca cuando un encargo aparentemente rutinario comienza a desmoronarse, arrastrando al protagonista a una espiral de traiciones que amenazan con exponer no solo sus actividades ilícitas, sino su propia naturaleza inhumana.
El apartado gráfico de Rufus Dayglo es fundamental para establecer el tono de la obra. Conocido por su trabajo en *Tank Girl*, Dayglo aporta un estilo sucio, detallado y con una energía punk que encaja a la perfección con la sordidez del relato. Su capacidad para retratar la fealdad, tanto física como moral, es excepcional. Las secuencias en las que Rattler experimenta sus transformaciones biológicas están cargadas de un realismo incómodo, enfatizando la vulnerabilidad y la monstruosidad del personaje. El dibujo de Dayglo no intenta embellecer la política; la presenta como un entorno claustrofóbico, lleno de rostros desencajados y sombras alargadas, lo que refuerza la sensación de que estamos ante un mundo en descomposición.
Temáticamente, *Snaked* funciona como una crítica feroz a la era política en la que fue concebida, pero sus conceptos permanecen vigentes. La obra cuestiona la identidad y la máscara que todos llevamos en la sociedad, llevando este concepto al extremo físico. ¿Es Rattler un monstruo porque muda de piel, o son los hombres para los que trabaja los verdaderos monstruos por las decisiones que toman tras sus escritorios? La narrativa evita dar respuestas fáciles, manteniendo un tono de noir moderno donde la luz es escasa y la esperanza es un recurso inexistente.
Sin caer en revelaciones que arruinen la experiencia, la estructura de la miniserie mantiene un ritmo frenético. Cada número profundiza en la paranoia del protagonista mientras los hilos de una conspiración mayor comienzan a cerrarse sobre él. La interacción de Rattler con los personajes secundarios —periodistas ambiciosos, políticos corruptos y figuras de su pasado— sirve para construir un rompecabezas de ambición y supervivencia.
En conclusión, *Snaked* es un cómic crudo y directo. Es una lectura obligatoria para quienes buscan historias que se alejen de los tropos del género de superhéroes y prefieran sumergirse en relatos de género negro con un giro fantástico y macabro. La colaboración entre Meth y Dayglo resulta en una obra cohesiva, visualmente impactante y narrativamente cínica que deja una sensación persistente de inquietud, recordándonos