La adaptación al cómic de *Sliders* (conocida en España y Latinoamérica como *Deslizadores* o *Salto al infinito*), específicamente la etapa desarrollada por el guionista D.G. Meisenhauser bajo el sello Armada (una división de Acclaim Comics), representa una de las extensiones narrativas más fascinantes de la ciencia ficción televisiva de los años 90. Esta obra no se limita a ser un producto derivado de la serie original creada por Tracy Tormé y Robert K. Weiss, sino que aprovecha la libertad del medio impreso para explorar conceptos que el presupuesto televisivo de la época no podía permitirse.
La premisa fundamental del cómic sigue los pasos de Quinn Mallory, un joven prodigio de la física que, mientras trabaja en su sótano en San Francisco, descubre la clave para abrir un puente de Einstein-Rosen-Podolsky. Este dispositivo, apodado "el temporizador", permite a los usuarios "deslizarse" hacia universos paralelos: realidades donde la historia ha tomado rumbos distintos. Lo que comienza como una prueba de pocos minutos se convierte en una odisea interminable cuando Quinn, junto a su mentor el profesor Maximilian Arturo, su amiga Wade Welles y el cantante Rembrandt "Crying Man" Brown (quien se ve atrapado accidentalmente en el vórtice), pierden las coordenadas de su mundo de origen, el "Home Prime".
El trabajo de D.G. Meisenhauser en esta cabecera es distintivo por su enfoque en la densidad narrativa y la construcción de mundos. A diferencia de los episodios autoconclusivos de las primeras temporadas de la serie, los guiones de Meisenhauser tienden a profundizar en las implicaciones sociopolíticas y existenciales de cada realidad visitada. El autor utiliza el multiverso no solo como un escenario de aventuras, sino como un espejo deformante de nuestra propia sociedad. Bajo su pluma, los protagonistas se enfrentan a distopías donde la tecnología ha erosionado la privacidad, o mundos donde las jerarquías sociales han sido invertidas de formas grotescas y peligrosas.
Uno de los puntos fuertes de esta etapa es el tratamiento de los personajes. Meisenhauser respeta la dinámica del cuarteto original, pero les otorga una capa de introspección más oscura. El profesor Arturo es retratado con una gravedad intelectual que a menudo choca con la impulsividad de Quinn, mientras que Wade y Rembrandt actúan como el ancla moral y emocional del grupo, enfrentándose al trauma constante de ser parias interdimensionales que nunca saben si el próximo "deslizamiento" los llevará a la salvación o a una muerte segura.
Visualmente, el cómic captura la estética de mediados de los 90, con un uso del color y el entintado que refuerza la atmósfera de incertidumbre. Las transiciones a través del vórtice están representadas con un dinamismo que intenta emular la psicodelia visual de la serie, pero con el detalle añadido que permite la ilustración. La narrativa gráfica se permite ser más cruda y explícita en los peligros que acechan en las Tierras paralelas, alejándose en ocasiones del tono familiar de la televisión para roz