Sitting Bull, publicado bajo el prestigioso sello de la editorial francesa Soleil dentro de su ambiciosa colección dedicada a las leyendas del Lejano Oeste, es mucho más que una simple biografía ilustrada. Es una elegía visual, un relato crepuscular que intenta capturar la esencia de uno de los líderes más icónicos y, a menudo, malinterpretados de la historia de América del Norte: Tatanka Iyotake. Escrito por el talentoso guionista Olivier Péru y dibujado con una maestría cruda por Luca Merli, este cómic se aleja de los tropos del western clásico de "indios y vaqueros" para sumergirnos en una narrativa profundamente humana, política y espiritual.
La historia nos sitúa en un momento crítico para las naciones originarias de las Grandes Llanuras durante la segunda mitad del siglo XIX. El avance imparable de la expansión estadounidense, impulsado por la fiebre del oro y la doctrina del Destino Manifiesto, amenaza con devorar todo a su paso. En este escenario de cambio violento, Sitting Bull emerge no solo como un jefe guerrero, sino como un *Wichasha Wakan* (hombre sagrado) de los Sioux Lakota. La obra explora con gran sensibilidad la carga que lleva sobre sus hombros: la responsabilidad de guiar a su pueblo hacia la supervivencia mientras el mundo que conocen se desmorona bajo las herraduras de la caballería y el estruendo de los tratados rotos.
El guion de Péru evita caer en el maniqueísmo fácil. Si bien la injusticia de la invasión de las Colinas Negras (Paha Sapa) es el motor del conflicto, el cómic se centra en la psicología del protagonista. Vemos a un hombre atormentado por visiones premonitorias, un líder que busca la unidad de tribus históricamente enfrentadas —como los Cheyenne y los Arapaho— para plantar cara a