La obra 'Sigfrido' (Siegfried), escrita e ilustrada por el autor francés Alex Alice, representa uno de los hitos más ambiciosos y visualmente deslumbrantes del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente como una trilogía, esta novela gráfica no es solo una adaptación de la materia de los Nibelungos, sino una reinterpretación épica que bebe directamente de la tetralogía operística de Richard Wagner, *El anillo del nibelungo*, y de las antiguas sagas nórdicas, para refundirlas en un lenguaje narrativo puramente secuencial y cinematográfico.
La trama nos sitúa en un mundo primordial, dividido entre la frialdad de los dioses y la oscuridad de las profundidades de la tierra. El protagonista, Sigfrido, es un joven de origen misterioso que crece en un entorno hostil y solitario: un bosque boreal e interminable, alejado de cualquier contacto humano. Su único tutor y figura paterna es Mime, un nibelungo, un ser de las profundidades, herrero de profesión, que destila una mezcla de resentimiento, astucia y un retorcido afecto hacia el muchacho. Mime ha criado a Sigfrido con un propósito egoísta y oculto: convertirlo en el arma capaz de derrotar a Fafnir, el gigantesco y terrorífico dragón que custodia el oro del Rin, un tesoro que otorga un poder absoluto pero que conlleva una maldición ineludible.
A diferencia de las versiones más tradicionales del mito, el Sigfrido de Alex Alice es presentado inicialmente como un ser de una pureza salvaje. Es un joven que desconoce el miedo porque desconoce su propia naturaleza y el mundo de los hombres. Su búsqueda no comienza por la codicia del oro, sino por una necesidad existencial: comprender quién es, de dónde viene y por qué es el único de su especie en un mundo habitado por criaturas fantásticas y deidades distantes. Esta búsqueda de identidad es el motor emocional que impulsa la narrativa, elevando el cómic por encima de la simple aventura de fantasía.
Paralelamente, la obra nos muestra la perspectiva de los dioses, encabezados por un Odín (Wotan) melancólico y crepuscular. Los dioses observan el desarrollo de Sigfrido con una mezcla de esperanza y temor. Para ellos, el joven representa una anomalía, una pieza fuera del tablero que podría salvarlos de su destino final o precipitar el *Ragnarök*, el ocaso de los dioses. La tensión entre el libre albedrío del héroe y los hilos del destino tejidos por las deidades es un tema recurrente que dota a la obra de una profundidad filosófica notable.
Visualmente, 'Sigfrido' es una obra maestra de la narrativa gráfica. Alex Alice, quien también ha trabajado en el diseño de animación, traslada esa sensibilidad al papel. Su estilo combina un dibujo detallado y dinámico con una aplicación del color (predominantemente acuarelas y técnicas tradicionales) que captura la atmósfera gélida del norte, el calor sofocante de la forja y la escala sobrehumana de los escenarios. El uso de las dobles páginas y la composición de las viñetas están diseñados para transmitir una sensación de escala épica; el lector siente la pequeñez de Sigfrido frente a la inmensidad de la naturaleza y la monstruosidad de Fafnir.
El diseño de personajes merece una mención aparte. Mime es retratado con una expresividad casi teatral, mientras que el dragón Fafnir se aleja de los tropos habituales para convertirse en una fuerza de la naturaleza oscura y opresiva. Sigfrido, por su parte, evoluciona visualmente desde la inocencia casi animal hasta la determinación del héroe trágico.
En resumen, 'Sigfrido' de Alex Alice es una exploración sobre la condición humana frente a lo divino y lo bestial. Es una historia sobre el despertar de la conciencia, el peso del legado y la lucha por forjar un destino propio en un mundo regido por leyes antiguas y despiadadas. Sin recurrir a giros argumentales gratuitos, la obra mantiene una tensión constante y una belleza estética que la posicionan como una lectura imprescindible para cualquier amante del noveno arte y de la mitología universal. Es, en esencia, el mito eterno narrado con la fuerza y la sensibilidad del siglo XXI.