Siberia 56

*Siberia 56* es una de las obras más representativas de la ciencia ficción de supervivencia dentro del panorama contemporáneo de la *bande dessinée* (BD) franco-belga. Escrita por Christophe Bec, un autor consagrado en el género del suspense y el horror (*Sanctuaire*, *Prométhée*), y dibujada con maestría por Alexis Sentenac, esta obra se aleja de la ópera espacial tradicional para sumergir al lector en una narrativa cruda, minimalista y visualmente imponente.

La premisa nos sitúa en un futuro donde la humanidad, en su búsqueda desesperada por expandirse más allá de una Tierra agotada, ha puesto sus ojos en un mundo hostil: el planeta Siberia 56. Este cuerpo celeste no es simplemente un lugar frío; es un infierno gélido donde las temperaturas caen regularmente por debajo de los 200 grados bajo cero. La atmósfera es irrespirable y el entorno es tan implacable que cualquier error técnico o humano equivale a una sentencia de muerte inmediata.

La historia comienza con la llegada de la decimotercera misión de colonización. Tras un viaje interestelar de años, una pequeña lanzadera que transporta a un equipo de especialistas se dispone a aterrizar para relevar a los ocupantes de la Base Propice, el único asentamiento humano en el planeta. Sin embargo, la fatalidad golpea pronto: un accidente durante la maniobra de descenso provoca que la nave se estrelle a cientos de kilómetros de su destino. Los supervivientes —un grupo reducido de hombres y mujeres— se encuentran de repente aislados en la inmensidad de un desierto blanco, con recursos limitados y trajes cuya energía para mantener el calor es finita.

El núcleo narrativo de *Siberia 56* es la travesía a pie de estos personajes a través de la superficie del planeta. El objetivo es simple pero casi inalcanzable: recorrer los 250 kilómetros que los separan de la Base Propice antes de que sus sistemas de soporte vital fallen. Lo que sigue es un ejercicio de tensión constante donde el entorno es el principal antagonista. Christophe Bec utiliza su experiencia en el género para construir una atmósfera de opresión absoluta, donde el silencio de la nieve y la magnitud del paisaje subrayan la insignificancia del ser humano frente a las fuerzas de la naturaleza.

No obstante, el frío no es el único peligro. A medida que el grupo avanza, descubren que Siberia 56 no es un mundo muerto. El planeta alberga una fauna autóctona, los Morbacks, depredadores perfectamente adaptados a las condiciones extremas que ven en los humanos una presa inusual pero vulnerable. La lucha por la supervivencia se vuelve entonces doble: una carrera contra el tiempo y el clima, y una batalla desesperada contra criaturas que dominan un terreno donde el hombre es un intruso.

Visualmente, el trabajo de Alexis Sentenac es fundamental para el éxito de la obra. El dibujante logra transmitir la escala colosal del planeta mediante el uso de planos generales que empequeñecen a los protagonistas. La paleta de colores, dominada por blancos, azules gélidos y grises metálicos, consigue que el lector sienta la temperatura de la historia. El diseño de la tecnología —trajes pesados, vehículos industriales y estructuras funcionales— aporta un realismo sucio que ancla la historia en una ciencia ficción tangible, alejada de estéticas futuristas inalcanzables.

*Siberia 56* destaca por evitar las florituras innecesarias. La narrativa es directa y se apoya en la acción y el impacto visual más que en diálogos expositivos densos. Es una exploración sobre la resistencia humana, el miedo a lo desconocido y la brutalidad de un universo que no tiene interés alguno en nuestra supervivencia. Para los aficionados al cómic de género, esta obra representa una lectura esencial que combina el terror biológico con la épica del desastre, consolidándose como un referente moderno del "survival horror" espacial.

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