Seducción del Inocente, escrita por Ande Parks e ilustrada por Esteve Polls, es una obra que utiliza el peso histórico de su título para sumergir al lector en un relato de género negro puro, ambientado en la convulsa Norteamérica de mediados de la década de 1950. Aunque el nombre remite inevitablemente al infame ensayo del psiquiatra Fredric Wertham que casi destruye la industria del cómic, esta obra de Dynamite Entertainment no es un documental, sino un ejercicio de narrativa *hard-boiled* que explora la hipocresía social y la violencia sistémica de una época obsesionada con las apariencias.
La trama se sitúa en San Francisco, en el año 1953. El protagonista es Thomas Jennings, un agente del FBI con un historial impecable y una brújula moral aparentemente inquebrantable. Jennings es enviado a la ciudad del Golden Gate con una misión específica: colaborar con el departamento de policía local para resolver una serie de asesinatos brutales que están aterrorizando a la población. Lo que hace que estos crímenes sean particularmente alarmantes, y lo que justifica el título de la obra, es su naturaleza teatral y grotesca. Los asesinatos parecen imitar las viñetas más escabrosas de los cómics de terror y crímenes que, en ese preciso momento histórico, están bajo el escrutinio del Senado y de grupos conservadores.
A medida que Jennings se adentra en la investigación, la narrativa establece un paralelismo fascinante entre la ficción de las viñetas y la realidad de las calles. El cómic no se limita a ser un procedimental policial; es un estudio sobre el contraste entre la fachada de perfección de la posguerra y la podredumbre que subyace en las instituciones. San Francisco se presenta no como la ciudad vibrante de las postales, sino como un laberinto de callejones sombríos, oficinas llenas de humo y comisarías donde la corrupción es el lenguaje cotidiano.
El guion de Ande Parks maneja con precisión los tropos del *noir*. Thomas Jennings es el arquetipo del hombre justo en un mundo injusto, pero a medida que la presión política aumenta y los cadáveres se acumulan, su propia integridad comienza a verse comprometida. La historia plantea una pregunta incómoda: ¿son los cómics los que corrompen a la sociedad, o es la sociedad, con su violencia inherente y sus secretos enterrados, la que nutre las fantasías más oscuras de la ficción?
Visualmente, el trabajo de Esteve Polls es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Su estilo evoca la estética de los cómics clásicos de la época, pero con una crudeza moderna. El uso de las sombras y el claroscuro refuerza la sensación de claustrofobia y peligro constante. Polls logra capturar la suciedad de la ciudad y la desesperación en los rostros de los personajes, alejándose de cualquier idealización romántica de los años 50. La violencia, aunque explícita cuando la trama lo requiere, nunca se siente gratuita; funciona como el motor que impulsa la paranoia colectiva que domina el relato.
La estructura de la obra es la de un *thriller* de combustión lenta. El lector acompaña a Jennings en una búsqueda que lo lleva desde los despachos de los poderosos hasta los bajos fondos de la ciudad, encontrándose con una galería de personajes secundarios que representan diferentes estratos de la decadencia urbana: policías cínicos, políticos ambiciosos y ciudadanos que prefieren mirar hacia otro lado. La tensión se mantiene constante gracias a un ritmo que dosifica la información, permitiendo que el misterio sobre la identidad del asesino se mantenga hasta las últimas consecuencias, sin descuidar el desarrollo psicológico del protagonista.
En definitiva, **Seducción del In