Secundaria de Superhéroes (título original: *PS238*), creada, escrita y dibujada por Aaron Williams, es una de las obras más inteligentes y sofisticadas dentro del subgénero de las academias de metahumanos. A diferencia de otras propuestas que se centran en la acción desenfrenada o en el drama adolescente convencional, este cómic se posiciona como una sátira afectuosa y una deconstrucción profunda de los tropos de la Edad de Plata y la Edad de Bronce del cómic estadounidense, trasladados al entorno cotidiano de una escuela primaria y secundaria.
La premisa se sitúa en la Escuela Pública 238, una institución educativa oculta a kilómetros bajo la superficie terrestre. Su propósito es único: educar, entrenar y, sobre todo, contener a la próxima generación de seres superpoderosos. El centro no es una academia de élite glamurosa, sino una escuela pública que debe lidiar con la burocracia, los presupuestos limitados y los desafíos pedagógicos de enseñar a niños que, por un berrinche, podrían destruir una ciudad o alterar el tejido de la realidad.
El eje narrativo gira en torno a Tyler Marlocke. Tyler es el hijo de los dos superhéroes más icónicos y poderosos del planeta, una suerte de análogos de Superman y Wonder Woman. Sin embargo, Tyler tiene un problema fundamental en este entorno: no posee ningún superpoder. Su presencia en la PS238 es un experimento social y un misterio en sí mismo. A través de sus ojos, el lector explora un mundo donde lo extraordinario es la norma y lo normal es lo verdaderamente alienígena. Tyler debe sobrevivir a la jerarquía escolar no con fuerza bruta, sino con ingenio, convirtiéndose en el ancla moral y estratégica de un grupo de niños con capacidades divinas pero con la madurez emocional de su edad cronológica.
El reparto de personajes secundarios es una de las mayores fortalezas de la obra. Williams utiliza arquetipos clásicos para subvertirlos. Encontramos a Moonshadow, la hija del equivalente de Batman en este universo, quien lucha con las expectativas de un padre obsesivo y extremadamente riguroso; a Z-Boy, un niño compuesto de energía pura que debe vivir dentro de un traje de contención; o a Guardian Angel, cuya fe y poderes plantean dilemas éticos sobre la intervención divina. Los profesores no se quedan atrás: son héroes retirados o en activo que ven la enseñanza como una extensión de su deber cívico, enfrentándose a problemas que van desde invasiones interdimensionales en el aula de ciencias hasta las típicas reuniones de padres y profesores, que en este contexto pueden ser diplomáticamente explosivas.
Narrativamente, *Secundaria de Superhéroes* destaca por su estructura de "continuidad densa". Aunque comienza con historias aparentemente episódicas y humorísticas, Williams teje una trama compleja a largo plazo que involucra conspiraciones gubernamentales, profecías cósmicas y el origen mismo de los poderes en la Tierra. El autor maneja con maestría el equilibrio entre el humor blanco, la aventura de ciencia ficción y el drama humano. No teme explorar las consecuencias psicológicas de ser un "niño prodigio" en un mundo donde el prodigio implica poder volar o leer mentes.
Visualmente, el estilo de Aaron Williams es limpio y funcional, con un diseño de personajes muy expresivo que facilita la identificación de una vasta galería de protagonistas. Su dibujo, aunque de apariencia sencilla, es capaz de representar con claridad secuencias de acción complejas y, lo más importante, las sutiles reacciones emocionales que impulsan la trama.
En resumen, *Secundaria de Superhéroes* es una obra esencial para cualquier entusiasta del género que busque algo más que batallas épicas. Es un análisis sobre el legado, la responsabilidad y la dificultad de crecer cuando el mundo espera que seas un dios antes de haber aprendido álgebra. Es, en última instancia, un recordatorio de que el heroísmo no reside en la capacidad de mover montañas, sino en la integridad del carácter, incluso —y especialmente— cuando eres el único niño sin poderes en una escuela llena de titanes.