Se7en

La traslación del universo cinematográfico al noveno arte suele seguir dos caminos: la adaptación literal o la expansión del canon. En el caso de 'Se7en', la miniserie publicada por Zenescope Entertainment entre 2006 y 2007, nos encontramos ante un ejercicio narrativo que opta por la segunda vía, profundizando en la mitología de una de las obras más influyentes del cine de suspense de finales del siglo XX. Este cómic no busca recrear la investigación de los detectives Somerset y Mills, sino que desplaza el foco hacia la figura que permanece en las sombras durante gran parte del metraje original: John Doe.

Estructurada en siete números independientes, cada uno dedicado a uno de los pecados capitales —Gula, Avaricia, Pereza, Lujuria, Soberbia, Envidia e Ira—, la obra funciona como una precuela y, simultáneamente, como un diario visual de la ejecución del plan maestro del antagonista. La premisa fundamental del cómic es ofrecer al lector la perspectiva interna del asesino, permitiéndonos observar el proceso de selección de las víctimas, la meticulosa preparación de los escenarios y la justificación moral que sustenta cada uno de sus actos.

Uno de los mayores aciertos de esta propuesta es su capacidad para dotar de tridimensionalidad a las víctimas. Mientras que en la película de David Fincher estos personajes son presentados principalmente como cuadros macabros o evidencias forenses, el cómic dedica tiempo a explorar sus vidas, sus vicios y las razones específicas por las que John Doe los considera representantes perfectos de la decadencia humana. Esta decisión narrativa no busca generar empatía, sino subrayar la obsesión del asesino por la "obra de arte" que está construyendo.

Desde el punto de vista visual, 'Se7en' mantiene una estética coherente con la atmósfera opresiva y lúgubre de la película. El uso de una paleta de colores desaturados, con predominio de ocres, verdes enfermizos y sombras profundas, refuerza la sensación de una ciudad en descomposición, un entorno urbano anónimo que parece estar bajo una lluvia perpetua de suciedad y pecado. El estilo artístico varía ligeramente entre números debido a la rotación de dibujantes, pero se mantiene un hilo conductor de realismo sucio que encaja perfectamente con el tono de la historia.

El guion, en el que participaron autores como David Seidman, Ralph Tedesco y Joe Brusha, se apoya fuertemente en los diarios de John Doe. Estos textos, que en el cine eran solo accesorios de producción con miles de páginas escritas a mano, se convierten aquí en la voz narrativa principal. A través de ellos, el lector accede a una filosofía retorcida pero internamente lógica, donde el asesinato se transmuta en una lección moral necesaria para una sociedad que, a ojos del protagonista, ha perdido el rumbo.

El cómic también rellena los huecos temporales que la película deja a la imaginación. Vemos el esfuerzo físico y logístico que requiere mantener a una persona en cautiverio durante un año para el pecado de la Pereza, o la compleja ingeniería social necesaria para forzar a un abogado a elegir su propio destino en la Avaricia. Estas secuencias añaden una capa de horror procedimental que complementa el suspense psicológico del material original.

En conclusión, 'Se7en' de Zenescope es una pieza de acompañamiento esencial para entender la magnitud del plan de John Doe. No es un cómic de acción, sino un estudio de personaje sobre la obsesión, el fanatismo religioso y la alienación urbana. Al evitar el camino fácil de la adaptación escena por escena, la obra logra sostenerse por sí misma como un thriller psicológico denso, oscuro y profundamente perturbador, que expande el horror de la película al mostrarnos que lo más aterrador no es solo el crimen final, sino la fría y paciente inteligencia que lo diseñó desde la oscuridad. Es un descenso a los infiernos de la mente humana, estructurado con la precisión de un relojero y la crueldad de un inquisidor moderno.

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