Saltando al vacío, la obra de Lorenzo Montatore publicada por Astiberri, no es una biografía al uso, sino un artefacto narrativo que utiliza el lenguaje del cómic para diseccionar la compleja psique y la trayectoria vital de José Bergamín. Tras su aproximación a la figura de Francisco Umbral en *La mentira por delante*, Montatore se sumerge en la figura del "peregrino" de la Generación del 27, construyendo un relato que es, a la vez, un ensayo visual y una crónica emocional sobre el exilio, la fe y la contradicción política.
La obra se estructura no como una sucesión lineal de hitos históricos, sino como una serie de saltos —fieles al título— que exploran las diferentes facetas de un hombre que se definió a sí mismo como un "católico comunista". Montatore evita el didactismo enciclopédico para centrarse en la esencia del pensamiento de Bergamín. El cómic arranca con la premisa del retorno y la constante huida, situando al lector en la piel de un intelectual que, tras décadas de exilio en México, Venezuela y Francia, regresa a una España que le resulta ajena, una nación que parece haber olvidado las razones de su partida y que no termina de encajar su presencia incómoda.
Desde el punto de vista narrativo, el autor emplea una estructura fragmentada que espeja la propia naturaleza de los ensayos de Bergamín. El guion se apoya en aforismos, reflexiones teológicas y metáforas taurinas, elementos fundamentales en la obra del escritor madrileño. Montatore logra que el texto no pese sobre la imagen, sino que ambas dancen en una coreografía expresionista. El "vacío" al que hace referencia el título es una presencia constante: es el abismo del exilio, la nada existencial y el espacio en blanco entre las viñetas donde el lector debe completar el sentido de la historia.
Visualmente, *Saltando al vacío* es un despliegue de la estética característica de Montatore, quien fusiona la herencia de la escuela Bruguera y el tebeo clásico español con el vanguardismo más psicodélico. Sus personajes, de formas redondeadas y extremidades elásticas, contrastan con la gravedad de los temas tratados. Esta disonancia visual es una de las mayores virtudes del cómic: la capacidad de tratar la muerte, el aislamiento y la derrota política mediante un dibujo que parece vibrar con colores primarios y composiciones audaces. El uso del color no es meramente decorativo; funciona como un termómetro emocional que marca las transiciones entre la esperanza del activismo y la oscuridad del ostracismo final en el País Vasco.
El cómic también profundiza en la relación de Bergamín con sus contemporáneos y su papel como agitador cultural, pero siempre desde una perspectiva introspectiva. No se busca retratar la anécdota histórica por el simple hecho de documentar, sino para entender la coherencia interna de un autor que prefirió el "salto al vacío" antes que la claudicación ideológica o espiritual. La tauromaquia, entendida por Bergamín como una mística del riesgo y la muerte, impregna las páginas, convirtiendo la vida del protagonista en una faena dialéctica contra los fantasmas de su tiempo.
En definitiva, *Saltando al vacío* es una pieza fundamental del cómic contemporáneo español que demuestra la madurez del medio para abordar biografías intelectuales. Montatore no solo narra la vida de José Bergamín, sino que traduce su pensamiento al lenguaje secuencial, ofreciendo una experiencia de lectura que exige atención y recompensa con una profundidad lírica inusual. Es un retrato sobre la resistencia, la soledad del que no quiere pertenecer a ningún bando oficial y la búsqueda de la verdad en los márgenes de la historia. Una obra que, lejos de cerrar la figura del biografiado, invita a saltar con él hacia la comprensión de una de las mentes más brillantes y esquivas de la literatura española.