Rutas del Espacio

En el vasto panteón del noveno arte español, existen obras que no solo narran historias, sino que capturan la esencia de una época y la proyectan hacia el infinito. "Rutas del Espacio" es, sin lugar a dudas, una de esas piezas fundamentales. Guionizada por el legendario Víctor Mora —el prolífico autor detrás de hitos como *El Capitán Trueno*— y enriquecida por el trazo de maestros de la imagen, esta obra se erige como un pilar de la ciencia ficción clásica europea, destilando un sentido de la maravilla que hoy, décadas después de su concepción, sigue resultando magnético.

La premisa de "Rutas del Espacio" nos sitúa en un futuro donde la humanidad ha dejado de mirar las estrellas con anhelo para empezar a caminarlas con determinación. No estamos ante una epopeya de guerra intergaláctica al uso, sino ante una crónica de exploración pura. La narrativa sigue las peripecias de una tripulación de pioneros cósmicos cuya misión es cartografiar lo desconocido, establecer contacto con civilizaciones ignotas y desentrañar los misterios físicos y metafísicos que aguardan en el vacío profundo. Es, en esencia, un canto a la curiosidad humana y al espíritu de aventura que define nuestra especie.

Lo que diferencia a "Rutas del Espacio" de otras propuestas contemporáneas de su época es la profundidad intelectual que Víctor Mora imprimió en sus guiones. Cada capítulo funciona como una ventana a un ecosistema alienígena único, pero también como un espejo de las virtudes y miserias de nuestra propia sociedad. A través de los encuentros con diversas formas de vida y fenómenos astronómicos inexplicables, el cómic plantea dilemas éticos, reflexiones sobre el progreso tecnológico y la eterna pregunta sobre nuestro lugar en un cosmos que se antoja infinito y, a menudo, indiferente.

Visualmente, la obra es un festín para los amantes del retrofuturismo. Los artistas que dieron vida a las palabras de Mora (con mención especial a la elegancia y el detalle de dibujantes como José María Beá en ciertas etapas o el dinamismo de otros colaboradores de la agencia Selecciones Ilustradas) lograron crear una estética distintiva. Las naves espaciales no son meros vehículos, sino prodigios de diseño que combinan la funcionalidad industrial con una elegancia aerodinámica casi poética. Los paisajes planetarios, por su parte, huyen de los clichés para presentar mundos de flora exuberante, arquitecturas imposibles y atmósferas que parecen palpitar con una luz propia. El uso de las sombras y el dominio de la composición de página logran transmitir esa sensación de soledad y asombro que solo el espacio profundo puede generar.

El ritmo de la obra es magistral. Alterna con soltura entre la tensión de los peligros imprevistos —lluvias de meteoritos, anomalías gravitatorias o encuentros con entidades incomprensibles— y momentos de introspección donde los personajes debaten sobre el peso de su misión. A pesar de ser una obra deudora de su tiempo, sorprende la modernidad de muchos de sus planteamientos y la ausencia de maniqueísmo; aquí, lo "extraño" no es necesariamente "malvado", sino simplemente diferente, una lección de alteridad que sigue siendo relevante hoy en día.

Para el lector actual, acercarse a "Rutas del Espacio" es realizar un viaje doble: un viaje hacia las fronteras del universo ficticio y un viaje nostálgico hacia la "Edad de Oro" del cómic español de exportación. Es una obra que exige ser leída con pausa, paladeando cada viñeta y dejándose llevar por la prosa evocadora de Mora. No es solo un cómic de naves espaciales; es un testimonio de una era en la que el papel y la tinta eran los únicos límites para la imaginación humana.

En conclusión, "Rutas del Espacio" es una lectura obligatoria para cualquier entusiasta de la ciencia ficción que desee comprender las raíces del género en España. Es una odisea visual y narrativa que nos recuerda que, aunque las rutas hacia las estrellas sean largas y peligrosas, el destino final no es un punto en un mapa estelar, sino el conocimiento que adquirimos sobre nosotros mismos durante el trayecto. Una joya imperecedera que sigue brillando con luz propia en el firmamento de la historieta universal.

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