Rufus

Rufus, la obra capital de José María Beroy, representa uno de los hitos más sofisticados y visualmente deslumbrantes del cómic español de la década de los ochenta. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Cairo* a partir de 1985, esta obra se desmarca de las corrientes convencionales de la época para ofrecer una propuesta que amalgama la ciencia ficción distópica, el género negro y una profunda reflexión sobre la decadencia urbana y social.

La narrativa de *Rufus* nos sitúa en un futuro indeterminado, en una metrópolis que, aunque evoca las estructuras de una Barcelona reimaginada, funciona como un arquetipo de la ciudad vertical y opresiva. En este escenario, la tecnología no ha servido para liberar al ser humano, sino para estratificar aún más las diferencias sociales y acentuar la sensación de aislamiento. El entorno es un personaje en sí mismo: una amalgama de arquitectura neoclásica decadente, infraestructuras industriales oxidadas y neones que apenas logran iluminar la perpetua penumbra de los niveles inferiores.

El protagonista que da nombre a la obra, Rufus, se aleja deliberadamente de los cánones del héroe tradicional. Es un individuo cínico, desencantado y profundamente pragmático que sobrevive en los márgenes de la legalidad. Rufus se mueve con soltura entre las altas esferas de las corporaciones corruptas y los bajos fondos donde la vida carece de valor. Su rol suele ser el de un facilitador o un investigador accidental, alguien que se ve arrastrado por las corrientes de conspiraciones que superan su control, pero que maneja con una mezcla de estoicismo y amargura.

Desde el punto de vista temático, el cómic explora la alienación del individuo frente a un sistema tecnocrático y deshumanizado. Beroy utiliza la trama para diseccionar las estructuras de poder, la manipulación mediática y la pérdida de la identidad en un mundo donde todo es intercambiable. No hay una búsqueda de redención clara; en su lugar, la obra presenta una lucha constante por mantener un mínimo de integridad personal en un ecosistema que premia la traición y el olvido.

Lo que eleva a *Rufus* a la categoría de obra maestra es, sin duda, el apartado gráfico de José María Beroy. En esta obra, el autor alcanza una madurez técnica prodigiosa. Su estilo, heredero de la "línea clara" pero evolucionado hacia un realismo detallista y atmosférico, destaca por un uso magistral de la arquitectura. Cada viñeta está cargada de una profundidad de campo que permite al lector perderse en los detalles de los edificios, los vehículos y la tecnología retrofuturista. La composición de página es cinematográfica, utilizando encuadres que enfatizan la pequeñez del ser humano frente a la inmensidad de la urbe.

El tratamiento de la luz y las sombras es otro de los pilares fundamentales. Beroy logra transmitir una atmósfera densa, casi palpable, donde el humo de los cigarrillos y la humedad de las calles parecen traspasar el papel. El diseño de producción de la obra es tan coherente y detallado que logra que este futuro resulte aterradoramente verosímil. A diferencia de otras distopías de la época que buscaban el impacto visual a través de lo grotesco, *Rufus* apuesta por una elegancia melancólica que dota a la historia de una pátina de atemporalidad.

En resumen, *Rufus* es una pieza esencial para entender la evolución del cómic adulto en España. Es una obra que exige una lectura pausada para apreciar la riqueza de su trasfondo y la complejidad de su puesta en escena. A través de los ojos de su protagonista, Beroy no solo nos ofrece un relato de intriga y ciencia ficción, sino un espejo deformado de nuestras propias ansiedades urbanas, envuelto en un envoltorio visual que sigue resultando vanguardista décadas después de su creación. Es, en definitiva, el retrato de un mundo que se desmorona bajo el peso de su propia ambición, narrado con una precisión técnica y una sensibilidad artística difícilmente igualables.

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