Rought Mac Kenzie

Rough Mac Kenzie, obra fundamental de la narrativa gráfica argentina, es el resultado de la colaboración entre dos de los nombres más influyentes del medio: el guionista Carlos Trillo y el dibujante Domingo Mandrafina. Publicada originalmente en la década de los 80, esta obra se erige como un pilar del género negro (*noir*) y el suspenso, destilando una atmósfera de cinismo y crudeza que define a la perfección la estética de la historieta de autor de esa época.

La trama se sitúa en una urbe estadounidense que evoca los años 30 y 40, un escenario dominado por la corrupción, la Ley Seca y la sombra omnipresente de la Gran Depresión. El protagonista, Mac Kenzie, no es el típico detective privado de moral inquebrantable. Es un hombre rudo, un "rough" en toda la extensión de la palabra, cuya fisonomía —marcada por una mandíbula prominente y una mirada cansada— refleja los golpes que la vida y la calle le han propinado. Mac Kenzie sobrevive en los márgenes de la legalidad, moviéndose con soltura tanto en los despachos de políticos corruptos como en los callejones más peligrosos de la ciudad.

La narrativa de Trillo se aleja de los heroísmos para centrarse en la supervivencia. A través de una serie de casos y encargos, el lector acompaña a Mac Kenzie en un descenso a los infiernos de la condición humana. El guion destaca por su capacidad para construir diálogos punzantes y monólogos internos que revelan la psicología de un hombre que ha visto demasiado. No hay espacio para la esperanza gratuita; en el mundo de Mac Kenzie, la justicia es un concepto maleable que suele estar al servicio del mejor postor, y el protagonista lo sabe mejor que nadie.

El apartado visual de Domingo Mandrafina es, sin lugar a dudas, el alma de la obra. Su dominio del blanco y negro es magistral, utilizando el claroscuro no solo como un recurso estético, sino como una herramienta narrativa fundamental. Las sombras en Rough Mac Kenzie tienen peso; ocultan intenciones y deforman los rostros, creando una sensación de claustrofobia constante. Mandrafina utiliza una técnica de "mancha" muy expresiva, donde los contrastes violentos entre la luz y la oscuridad subrayan la ambigüedad moral de los personajes. Cada viñeta está cargada de texturas que transmiten la suciedad de la ciudad y el cansancio de sus habitantes.

A diferencia de otros exponentes del género, esta obra no se apoya en la acción frenética, sino en la tensión psicológica y el ritmo pausado de la investigación. Mac Kenzie es un observador cínico, un catalizador de tragedias ajenas que a menudo terminan salpicándolo. La estructura de las historias suele ser episódica, pero existe un hilo conductor invisible: la decadencia de una sociedad que ha perdido el rumbo. Los personajes secundarios —mujeres fatales, matones de poca monta, jueces comprados— están construidos con una profundidad que evita el cliché, aportando matices de gris a una historia que visualmente es de un negro absoluto.

Rough Mac Kenzie es también una crítica social velada. A través de los ojos de su protagonista, Trillo disecciona las estructuras de poder y la hipocresía de las instituciones. El cómic funciona como un espejo de las miserias urbanas, donde la violencia es una moneda de cambio común y la lealtad es un lujo que pocos pueden permitirse. La obra logra capturar la esencia del *pulp* clásico, pero lo eleva mediante una sofisticación narrativa y visual que la sitúa en la vanguardia de la historieta adulta.

En conclusión, este cómic es una pieza indispensable para entender la evolución del género negro en la viñeta. La sinergia entre el guion de Trillo y el arte de Mandrafina crea una experiencia inmersiva que trasciende la simple lectura de género. Es un retrato crudo, elegante y profundamente humano de un mundo que prefiere las sombras a la luz, protagonizado por un antihéroe que, a pesar de su rudeza, se convierte en el único guía fiable a través del caos. Una obra que exige una lectura atenta para apreciar la riqueza de sus detalles y la profundidad de su desencanto.

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