'Rock Comix' no es simplemente una colección de historietas; es un artefacto cultural que encapsula un momento sísmico en la historia de España: la Transición y la explosión de la contracultura urbana. Publicada a finales de los años 70 y principios de los 80 por Producciones Editoriales, esta cabecera se desmarcó de las publicaciones juveniles de la época para abrazar el espíritu del "comix" underground, fusionando la narrativa gráfica con la iconografía, la mística y la rebeldía del rock and roll.
La estructura de 'Rock Comix' se alejaba del formato de revista de variedades para centrarse, en la mayoría de sus entregas, en números monográficos dedicados a figuras o movimientos fundamentales de la música contemporánea. Desde Lou Reed y los Rolling Stones hasta el fenómeno del punk o la psicodelia, cada ejemplar funcionaba como un ensayo visual y narrativo. No se limitaba a ofrecer biografías ilustradas al uso; el cómic actuaba como un exégeta de las letras de las canciones, traduciendo el ritmo y la distorsión de las guitarras a un lenguaje de manchas de tinta, tramas mecánicas y composiciones de página rupturistas.
Desde el punto de vista artístico, 'Rock Comix' fue el campo de pruebas para una generación de autores que buscaban romper con los cánones del cómic franco-belga o el estilo clásico de las agencias españolas. En sus páginas se dieron cita nombres que más tarde definirían la "línea chunga" y la vanguardia estética de la Movida Madrileña y la escena barcelonesa, como Ceesepe, Nazario, Max o Mariscal. El estilo visual predominante era heredero directo del underground estadounidense de Robert Crumb o Gilbert Shelton, pero con una pátina profundamente ibérica, sucia y visceral. El dibujo solía ser abigarrado, con un uso expresivo del blanco y negro que enfatizaba la sordidez de los ambientes urbanos, los excesos de la vida nocturna y la crudeza de una juventud que despertaba tras décadas de censura.
Narrativamente, la obra evitaba la complacencia. Los guiones solían mezclar datos reales con ensoñaciones lisérgicas, crónicas de conciertos y ficciones que capturaban el "ethos" de la estrella de rock de turno. Era una lectura exigente que no buscaba el entretenimiento ligero, sino la provocación y la identificación con una subcultura que veía en el rock una forma de vida y una herramienta de liberación política y social. La publicación lograba transmitir la energía del directo y la decadencia de los camerinos, convirtiendo el papel en un escenario donde la música se escuchaba a través de los ojos.
El impacto de 'Rock Comix' radica en su capacidad para documentar la estética de una época sin filtros. A través de sus páginas, el lector puede rastrear la evolución del gusto musical y estético de la España de finales de los 70: el paso del hippismo tardío y el rock progresivo hacia la urgencia del punk y la Nueva Ola. Además, la revista sirvió para dignificar el cómic como un medio capaz de dialogar de tú a tú con otras artes consideradas mayores, como la música o la literatura, alejándolo definitivamente del gueto infantil.
En resumen, 'Rock Comix' es una pieza indispensable para entender el auge del cómic adulto en España. Es una obra que no solo habla de música, sino que utiliza el lenguaje de la historieta para explorar la libertad, el exceso y la identidad de una generación. Su enfoque monográfico, su audacia visual y su compromiso con la autenticidad la convierten en un referente del "comix" europeo, manteniendo hoy en día una fuerza gráfica que sigue resultando tan cruda y eléctrica como el primer día. Es, en esencia, la banda sonora dibujada de una sociedad en plena transformación.