Robot 76

En el vasto y a menudo saturado panorama del cómic contemporáneo, pocas obras logran capturar la esencia de la nostalgia y la vanguardia con la fuerza visceral de 'Robot 76'. Creada por el historietista gallego David Rubín, uno de los autores más influyentes y dinámicos de la narrativa gráfica actual, esta obra no es simplemente un tebeo de acción; es una carta de amor, un poema visual y una deconstrucción melancólica de un género que ha definido a generaciones: el de los robots gigantes o *mechas*.

Publicada originalmente en 2009 y recuperada en ediciones posteriores que hacen justicia a su despliegue visual, *Robot 76* nos sitúa en un mundo que parece suspendido en un tiempo indeterminado, donde la humanidad vive bajo la sombra constante de amenazas colosales. En este escenario, el protagonista absoluto es el robot que da nombre al título, una mole de metal diseñada para la protección, un centinela que aguarda el momento de entrar en combate. Sin embargo, lejos de seguir la estructura convencional de las series de los años 70 y 80 como *Mazinger Z* o *Tetsujin 28-go*, Rubín opta por un enfoque mucho más íntimo y existencialista.

La sinopsis de *Robot 76* se aleja de la narrativa lineal tradicional para ofrecernos una serie de episodios, momentos y estampas que exploran la relación entre el creador, la máquina y el mundo que esta debe proteger. No estamos ante una sucesión de batallas vacías, sino ante una exploración de la soledad del héroe. El robot no es solo un arma; es un símbolo de sacrificio y una extensión de los miedos y esperanzas de una humanidad que, a menudo, parece no comprender el peso que descansa sobre los hombros de acero de su defensor.

Uno de los puntos más fascinantes de la obra es cómo David Rubín maneja el concepto del "silencio". A pesar de la escala épica de los enfrentamientos contra monstruos ciclópeos y amenazas de origen incierto, el cómic respira una quietud sobrecogedora. El autor se detiene en los momentos previos a la batalla, en el desgaste del metal, en la mirada cansada del piloto y en la desolación del paisaje tras el estruendo. Es aquí donde el experto en cómics reconoce la maestría de Rubín: en su capacidad para dotar de alma a una estructura de remaches y engranajes.

Visualmente, *Robot 76* es un festín para los sentidos. El estilo de Rubín, caracterizado por un trazo enérgico, casi violento, y un uso del color que oscila entre lo pop y lo crepuscular, alcanza aquí cotas de gran expresividad. Sus composiciones de página rompen la rigidez de la viñeta clásica para transmitir la magnitud de los combates, haciendo que el lector sienta el impacto de cada golpe y la vibración del suelo bajo los pies del gigante. Hay una clara influencia del "Rey" Jack Kirby en la fuerza de sus figuras y en la energía que emana de cada trazo, pero filtrada a través de una sensibilidad europea y una pasión confesa por el manga clásico.

La obra también funciona como una reflexión sobre el paso del tiempo y la obsolescencia. ¿Qué ocurre con el héroe cuando ya no hay batallas que librar? ¿Cómo se gestiona el dolor de ser una herramienta de destrucción creada para preservar la vida? Estas preguntas subyacen en cada página, convirtiendo a *Robot 76* en una lectura profundamente humanista. No se trata de quién gana la pelea, sino de qué queda de nosotros (y de nuestras máquinas) después de que el polvo se asienta.

En conclusión, *Robot 76* es una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic español en el siglo XXI. Es una obra que apela tanto al niño que vibraba con las series de animación de sábado por la mañana como al adulto que busca en la lectura una profundidad emocional y una propuesta artística arriesgada. David Rubín no solo rinde homenaje a sus referentes, sino que los trasciende, entregando un relato donde el acero llora, el aceite se confunde con la sangre y la épica se encuentra en los detalles más pequeños y silenciosos. Una experiencia de lectura potente, ruidosa y, al mismo tiempo, extrañamente conmovedora que ningún aficionado al noveno arte debería dejar pasar.

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