Rick Rigel

En el vasto y a menudo despiadado panorama del cómic europeo contemporáneo, pocas obras logran capturar la esencia de la aventura espacial con la frescura y el virtuosismo visual que destila 'Rick Rigel'. Creada por el talentoso autor español Miki Montlló, esta obra no es solo un cómic de ciencia ficción; es una carta de amor a la narrativa de "space opera" clásica, pasada por el tamiz de una estética moderna, cinematográfica y profundamente detallista.

La historia nos presenta a Rick Rigel, un protagonista que encaja perfectamente en el arquetipo del antihéroe carismático pero desafortunado. Rick es un buscavidas, un piloto de talento excepcional cuyo mayor enemigo suele ser su propia mala suerte o sus cuestionables decisiones financieras. A bordo de su nave, la *Icarus* —una chatarra espacial con más personalidad que muchos de los personajes secundarios de otros cómics—, Rick sobrevive en los márgenes de una galaxia que parece haber visto tiempos mejores. No es el salvador del universo, ni un caballero de brillante armadura; es un hombre que intenta pagar sus deudas mientras mantiene intacto lo poco que le queda de dignidad.

La trama arranca con un motor narrativo clásico pero infalible: la necesidad. Rick se encuentra en una situación económica desesperada, lo que le obliga a aceptar un encargo que, bajo cualquier otra circunstancia, rechazaría sin dudarlo. Lo que comienza como una misión de transporte aparentemente sencilla —llevar una "mercancía" de un punto A a un punto B— pronto se complica de manera exponencial. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, Rick se ve envuelto en una red de conspiraciones que involucran a poderosas corporaciones, facciones políticas enfrentadas y secretos que podrían alterar el precario equilibrio de la galaxia.

Uno de los puntos más fuertes de 'Rick Rigel' es su construcción de mundo (*world-building*). Montlló no se limita a dibujar naves y planetas; crea un ecosistema creíble. La tecnología se siente usada, sucia y funcional; los alienígenas no son simples humanos con maquillaje, sino seres con sus propias culturas y biologías integradas en el entorno. El autor logra transmitir esa sensación de "futuro usado" que hizo grandes a sagas como *Star Wars* o *Alien*, pero aportando una luminosidad y un dinamismo que son marca de la casa.

Sin embargo, lo que realmente eleva a 'Rick Rigel' por encima de la media es el apartado artístico. Miki Montlló, con una sólida trayectoria en el mundo de la animación y el arte conceptual, despliega aquí todo su arsenal. Cada viñeta es una lección de composición, iluminación y uso del color. El dibujo es vibrante, con una línea cinética que otorga a las escenas de acción una fluidez casi animada. El uso del color no es meramente estético, sino narrativo: define atmósferas, marca el ritmo emocional de las escenas y diferencia los diversos mundos que Rick visita con una paleta cromática exquisitamente seleccionada.

Acompañando a Rick, encontramos a un elenco de personajes secundarios que aportan el contrapunto necesario a su cinismo. La dinámica entre ellos es uno de los pilares de la obra, ofreciendo momentos de humor ácido que alivian la tensión de las persecuciones y los tiroteos espaciales. Hay una humanidad latente en todos ellos, incluso en los más robóticos o alienígenas, lo que permite que el lector conecte emocionalmente con la historia más allá del espectáculo visual.

En conclusión, 'Rick Rigel' es una lectura obligatoria para cualquier amante del noveno arte que busque una aventura trepidante, con un guion sólido que sabe cuándo ser serio y cuándo divertirse, y un apartado visual que quita el aliento. Es la historia de un hombre pequeño atrapado en los engranajes de un universo inmenso, recordándonos que, a veces, la mayor aventura no es salvar la galaxia, sino simplemente conseguir llegar al día siguiente con la nave entera y un par de créditos en el bolsillo. Una obra que confirma a Montlló como una de las voces más potentes y visualmente deslumbrantes del cómic actual.

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