La revista *Thriller* constituye uno de los hitos más significativos de la edad de oro del cómic adulto en España, publicada por la emblemática cabecera Toutain Editor a mediados de la década de los 80. En un ecosistema editorial dominado por la fantasía de *1984* (posteriormente *Zona 84*) y el terror de *Creepy*, *Thriller* surgió como una propuesta especializada, centrada exclusivamente en el género negro, el suspense, el policíaco y el *hardboiled* más descarnado. Su aparición en 1984 respondió a la necesidad de ofrecer un espacio propio a narrativas urbanas, realistas y de una violencia estilizada que demandaba un público lector cada vez más maduro y exigente.
El concepto de la revista se alejaba de las concesiones oníricas para hundir sus raíces en el asfalto. La publicación se estructuraba como una antología de historias cortas y series por entregas que exploraban los bajos fondos, la corrupción institucional, el crimen organizado y la ambigüedad moral de sus protagonistas. A diferencia de otras revistas de la época, *Thriller* no buscaba el escapismo, sino el impacto visual y narrativo a través de una estética cruda y una narrativa cinematográfica.
El pilar fundamental y buque insignia de la revista fue, sin lugar a dudas, *Torpedo 1936*. Aunque el personaje de Luca Torelli había debutado previamente en otras publicaciones, fue en las páginas de *Thriller* donde la colaboración entre el guionista Enrique Sánchez Abulí y el dibujante Jordi Bernet alcanzó su cénit de popularidad y maestría técnica. Las historias de este sicario sin escrúpulos definieron el tono de la revista: diálogos cortantes, humor negro corrosivo y un dibujo en blanco y negro que hacía un uso magistral del claroscuro. La presencia de *Torpedo* no solo atrajo a una base de seguidores fiel, sino que estableció un estándar de calidad para el resto de los contenidos.
No obstante, *Thriller* no dependía únicamente de un solo éxito. La revista sirvió de escaparate para una nómina impresionante de autores nacionales e internacionales. Entre sus páginas se pudieron encontrar trabajos de maestros como José Ortiz, cuyas atmósferas densas y dominio de la tinta encajaban a la perfección con el tono criminal de la publicación. También destacaron autores como Leopoldo Sánchez, Manfred Sommer o Antonio Segura, quienes aportaron visiones diversas del género, desde el procedimental clásico hasta el drama carcelario o el suspense psicológico. La influencia del cómic estadounidense y europeo era evidente, integrando influencias de la novela negra clásica de autores como Raymond Chandler o Dashiell Hammett, pero con una sensibilidad visual puramente europea.
Visualmente, la revista se caracterizó por una sobriedad elegante. Predominaba el blanco y negro, lo que permitía resaltar el trabajo de entintado de los artistas, fundamental para transmitir la suciedad y la opresión de los entornos urbanos. Las portadas, a menudo impactantes y de una factura técnica impecable, funcionaban como una declaración de intenciones: hombres con gabardina, armas de fuego, mujeres fatales y sombras alargadas bajo la lluvia.
Además de las historietas, *Thriller* incluía secciones de carácter divulgativo que reforzaban su identidad temática. Artículos sobre cine negro clásico, reseñas de novelas policíacas y análisis sobre la figura del detective en la cultura popular convertían a la revista en algo más que un simple contenedor de cómics; era una guía cultural para los aficionados al género. Esta cohesión editorial permitía que el lector se sumergiera en una experiencia temática completa.
A pesar de su calidad técnica y su sólida propuesta editorial, *Thriller* tuvo una vida relativamente corta en comparación con otras cabeceras de Toutain, cesando su publicación tras 14 números. Sin embargo, su impacto en la historieta española es innegable. Logró dignificar el género negro en el cómic, alejándolo de los clichés infantiles y dotándolo de una profundidad literaria y artística sin precedentes en el mercado nacional. Hoy en día, es recordada como una publicación de culto, esencial para entender la evolución de la narrativa gráfica adulta y el virtuosismo de una generación de dibujantes que encontraron en el crimen y el suspense su mejor vehículo de expresión. Su legado perdura en la memoria de los coleccionistas y en la influencia que ejerció sobre las obras de género que vendrían décadas después.