Rebeco 1-3

La obra de Borja González, condensada en la trilogía inicial de *Rebeco* (que comprende los números 1 al 3), representa uno de los hitos más significativos del cómic contemporáneo español, marcando el nacimiento de un universo visual y narrativo inconfundible. Publicado originalmente bajo el sello de Spiderland y posteriormente recuperado en diversas antologías, *Rebeco* no es solo una historieta, sino una exploración atmosférica que redefine el uso del silencio y la composición en la narrativa secuencial.

La trama de *Rebeco* nos sitúa en un entorno que bascula entre lo onírico y lo medieval, aunque despojado de los tropos habituales de la fantasía épica. En su lugar, González nos presenta a dos personajes femeninos, Teresa y Matilde, quienes transitan por paisajes boscosos, castillos en penumbra y parajes desolados. La narrativa no se apoya en grandes gestas ni en conflictos externos de resolución violenta; por el contrario, se centra en la cotidianidad de estas jóvenes, en sus conversaciones aparentemente triviales y en su relación con un entorno que parece cargado de una magia antigua, latente y, a menudo, melancólica.

El primer volumen establece el tono: una mezcla de tedio adolescente y misterio sobrenatural. Las protagonistas deambulan por el bosque, interactuando con elementos que sugieren una mitología propia, como la figura del chamán o la presencia del animal que da nombre a la obra. Sin embargo, el autor evita dar explicaciones didácticas. El lector es arrojado a un mundo donde lo fantástico se acepta con una naturalidad pasmosa, casi como si el misterio fuera una extensión más del paisaje.

A medida que avanzamos hacia los números 2 y 3, la estructura se vuelve más depurada. Borja González utiliza el formato del fanzine para experimentar con el ritmo. Los diálogos son escuetos, cargados de un humor seco y una desgana existencial que contrasta con la belleza plástica de las viñetas. En estos números, la búsqueda de un "rebeco" o la simple espera de que algo suceda se convierte en el motor de una historia que habla, en última instancia, sobre la soledad, la amistad y la extrañeza de estar vivo.

Visualmente, *Rebeco* es una lección de síntesis. El estilo de González se caracteriza por el uso de personajes sin rostro (carecen de ojos, nariz o boca), una decisión estética que, lejos de deshumanizarlos, potencia la expresividad a través del lenguaje corporal y la puesta en escena. El dibujo es de una limpieza absoluta, heredero de la línea clara pero pasado por un filtro de modernidad indie. El uso del color es fundamental: paletas limitadas que definen la temperatura emocional de cada escena, desde los azules nocturnos hasta los verdes profundos del bosque.

La arquitectura y la naturaleza juegan un papel protagonista. Los castillos no son fortalezas de guerra, sino espacios de confinamiento o de juego; el bosque no es un lugar de peligro, sino un refugio donde el tiempo parece haberse detenido. Esta trilogía funciona como un preludio espiritual a obras posteriores del autor, como *The Black Holes* o *Grito Nocturno*, compartiendo ese mismo ADN de "fantasía gótica de extrarradio" donde lo importante no es lo que se dice, sino lo que se intuye en los espacios en blanco entre viñetas.

En conclusión, *Rebeco 1-3* es una obra esencial para entender el giro que ha dado el cómic de autor en la última década. Es una lectura que exige pausa, que invita a contemplar la composición de cada página y a sumergirse en una atmósfera de extraña calma. Borja González logra capturar esa sensación universal de buscar algo que no sabemos definir, en un mundo que es a la vez hermoso y terriblemente vacío. Es, sin duda, una pieza de orfebrería narrativa que demuestra que, en el cómic, a veces el silencio es la herramienta más poderosa para contar una historia.

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