Rayos y Centellas, la obra de David López publicada por Astiberri, representa un hito de madurez narrativa y visual en la trayectoria de un autor que, tras años de éxito en el mercado estadounidense (Marvel, DC), decide regresar a sus raíces para contar una historia profundamente personal y contenida. Este cómic no es solo una aventura de supervivencia; es una exploración sobre la lealtad, el crecimiento y la relación entre el ser humano y la naturaleza en un contexto donde lo extraordinario se ha vuelto cotidiano y, a menudo, peligroso.
La premisa nos sitúa en un mundo que ha sido transformado por la presencia de seres con capacidades sobrehumanas, conocidos como "Rayos". Sin embargo, a diferencia de las epopeyas de superhéroes tradicionales, la historia no se centra en las grandes batallas que deciden el destino del universo, sino en las consecuencias que estos seres dejan a su paso en la vida de la gente común. La protagonista es Rayo, una joven cuya determinación y resiliencia son el motor de la trama. No viaja sola: la acompaña Centella, un perro que no solo actúa como alivio cómico o compañero fiel, sino como un pilar emocional fundamental que define la humanidad de la protagonista.
El núcleo de la obra es un viaje físico y emocional. Rayo y Centella atraviesan un paisaje que mezcla la belleza natural con las cicatrices de un mundo que ha sufrido cambios drásticos. La narrativa se estructura como una *road movie* a pie, donde el objetivo del viaje, aunque claro para los personajes, sirve principalmente como excusa para mostrar la evolución de su vínculo. A lo largo de las páginas, el lector es testigo de cómo Rayo debe enfrentarse a desafíos que ponen a prueba su ingenio y su capacidad de sacrificio, mientras Centella aporta una perspectiva de lealtad incondicional que suaviza la dureza del entorno.
Visualmente, David López despliega toda la maestría técnica acumulada durante décadas. Su estilo en esta obra es limpio, dinámico y extremadamente expresivo. El diseño de personajes es uno de los puntos fuertes: Rayo posee una gestualidad que transmite fuerza y vulnerabilidad a partes iguales, mientras que Centella está dotado de una expresividad canina tan realista que cualquier lector que haya convivido con animales reconocerá al instante. El uso del color es narrativo; las paletas cambian para reflejar el estado de ánimo de la escena o la peligrosidad del entorno, creando una atmósfera inmersiva que compensa la economía de diálogos.
Uno de los aspectos más destacados de Rayos y Centellas es su capacidad para contar mucho con muy poco. López confía plenamente en la narrativa visual, permitiendo que las acciones y las miradas lleven el peso de la historia. No hay sobreexplicación ni textos de apoyo innecesarios. El lector debe observar el entorno, notar los detalles en el fondo de las viñetas y deducir la historia del mundo a través de lo que Rayo encuentra en su camino. Esta confianza en la inteligencia del lector convierte la lectura en una experiencia activa y gratificante.
El cómic también funciona como una deconstrucción del género de superhéroes desde una óptica periférica. Los "Rayos" son figuras distantes, casi mitológicas o fuerzas de la naturaleza, cuyas acciones tienen un impacto real y a menudo devastador en el terreno. Al centrar el foco en una niña y su perro, López humaniza el género y lo traslada al terreno de la supervivencia más pura. Es una historia sobre encontrar el propio lugar en un mundo que parece haber sido diseñado para gigantes, y sobre cómo la compañía adecuada puede hacer que el camino más difícil sea transitable.
En conclusión, Rayos y Centellas es una obra imprescindible para entender el cómic contemporáneo español. Es una pieza de orfebrería narrativa que equilibra la acción con la introspección, y la fantasía con la realidad emocional. Sin necesidad de grandes artificios ni giros de guion forzados, David López construye un relato sólido, honesto y visualmente deslumbrante que reafirma su posición como uno de los mejores narradores visuales de su generación. Es, en esencia, un canto a la amistad y a la perseverancia en un mundo que, a pesar de sus sombras, todavía guarda espacio para la luz.