Ray London

Ray London: El eco amargo de las mallas y el neón

En el vasto y a menudo saturado panorama del noveno arte, surge de vez en cuando una obra que decide no solo caminar por los senderos trillados del género de superhéroes, sino diseccionarlos con un bisturí oxidado y una mirada cargada de cinismo. 'Ray London', la obra escrita por David Galán Galindo y dibujada con maestría por Casado, es precisamente ese tipo de cómic. Como experto en la materia, puedo afirmar que nos encontramos ante una de las deconstrucciones más lúcidas y crudas del mito del "compañero juvenil" (el *sidekick*) que se han publicado en los últimos años en el mercado hispano.

La premisa de 'Ray London' nos sitúa en un mundo donde los seres con habilidades extraordinarias no son figuras de porcelana en un pedestal, sino elementos integrados en una sociedad que los ha consumido, comercializado y, finalmente, escupido. El protagonista, que da nombre al título, no es el héroe que salva el día bajo los focos de la prensa. Ray es el hombre que solía ser ese niño prodigio, el joven maravilla que corría tras la sombra de un mentor imponente. Pero los años no pasan en balde, y las mallas de colores brillantes han sido sustituidas por una gabardina raída y una mirada que ha visto demasiada suciedad en los callejones.

La historia nos presenta a un Ray London convertido en un detective privado de vuelta de todo. Su jurisdicción no es el cielo azul sobre los rascacielos, sino el fango de una ciudad que parece atrapada en una noche perpetua, una suerte de trasunto de las urbes del cine *noir* más clásico, pero salpimentada con los restos del naufragio de la era de los superhéroes. Ray sobrevive aceptando casos que nadie más quiere, moviéndose en los márgenes de una legalidad difusa y lidiando con el trauma de un pasado que se niega a morir.

El conflicto motor de la obra arranca cuando un encargo aparentemente rutinario lo obliga a sumergirse de nuevo en el ecosistema de las "capas". A través de sus ojos, el lector descubre una realidad donde los antiguos campeones de la justicia son ahora juguetes rotos, juguetes de corporaciones o, peor aún, sombras patéticas de lo que prometieron ser. Galán Galindo utiliza la figura de Ray para cuestionar la herencia del heroísmo: ¿qué queda de un hombre cuando se le quita el antifaz y solo queda la cicatriz?

Narrativamente, el cómic es un prodigio de ritmo. El guion de Galindo, conocido por su profundo conocimiento y amor/odio por el género (como ya demostró en su incursión cinematográfica *Orígenes Secretos*), destila una melancolía urbana que se siente auténtica. No es una parodia barata; es una elegía. Por su parte, el arte de Casado es el complemento perfecto. Su trazo, sucio cuando debe serlo y detallista en la expresión del cansancio vital de sus personajes, dota a la obra de una atmósfera asfixiante. El uso del color y las sombras refuerza esa sensación de que, en el mundo de Ray London, la luz del sol es un recuerdo lejano o una mentira publicitaria.

'Ray London' no es solo un cómic sobre un detective con un pasado glorioso. Es una reflexión sobre el fracaso, sobre la pérdida de la inocencia y sobre cómo sobrevivir en un mundo que te prometió que eras especial para luego olvidarte en un rincón. Es una lectura obligatoria para aquellos que disfrutaron de obras como *Watchmen*, *The Boys* o el *Powers* de Bendis, pero que buscan una voz propia, más cercana a la tradición de la novela negra europea y con un corazón que late con una humanidad dolorosa.

En definitiva, si buscas una historia donde los puñetazos duelen más en el alma que en la mandíbula, y donde el mayor misterio no es quién es el villano, sino cómo seguir adelante cuando el disfraz ya no te queda bien, 'Ray London' es tu cómic. Una obra valiente, oscura y profundamente necesaria para entender hacia dónde puede dirigirse el género cuando decide madurar y mirar atrás sin nostalgia, pero con mucha memoria. Una joya del catálogo de Panini (Evolution) que merece un lugar destacado en cualquier estantería que se precie de entender el cómic como algo más que simple entretenimiento escapista.

Deja un comentario