En el vasto y fascinante panteón de la historieta mexicana, existe una figura que encarna perfectamente el optimismo, el misterio y la ambición tecnológica de mediados del siglo XX: Ray Landan, El Superatómico. Creado por la mente prolífica y visionaria de José G. Cruz —el legendario editor y autor responsable de catapultar a la fama a figuras como *Santo, el Enmascarado de Plata*—, este cómic se erige como una de las piezas más singulares de la ciencia ficción latinoamericana, representando la respuesta regional a la fiebre por la energía nuclear y la conquista del espacio que dominaba la cultura popular global tras la Segunda Guerra Mundial.
La sinopsis de esta obra nos sitúa en un mundo donde la ciencia no tiene límites y los peligros acechan más allá de la atmósfera terrestre. El protagonista, Ray Landan, no es simplemente un hombre de acción; es la amalgama perfecta entre el intelecto científico y la rectitud moral. En una época donde la palabra "atómico" evocaba tanto un terror existencial como una promesa de progreso infinito, Landan surge como un héroe que ha logrado dominar las fuerzas fundamentales de la materia. Tras verse imbuido de capacidades asombrosas gracias a la energía nuclear, Ray asume la responsabilidad de proteger no solo a su nación, sino a la humanidad entera de amenazas que desafían la lógica convencional.
La narrativa de *El Superatómico* nos transporta a un universo de aventuras intergalácticas y desafíos tecnológicos sin precedentes. A diferencia de otros héroes de la época que centraban sus esfuerzos en el crimen urbano, las misiones de Ray Landan suelen tener una escala cósmica. Sus historias lo llevan a explorar las profundidades del espacio exterior, a descubrir dimensiones paralelas y a enfrentarse a civilizaciones alienígenas con intenciones crípticas. El cómic es un despl