Rasputin, publicada por Image Comics, es una de las reinterpretaciones más fascinantes y visualmente impactantes de la figura histórica de Grigori Efímovich Rasputín. Escrita por Alex Grecian e ilustrada por Riley Rossmo, esta obra se aleja de la biografía convencional para adentrarse en el terreno de la fantasía oscura y el realismo mágico, ofreciendo una visión sobrenatural del hombre que llegó a dominar la voluntad de los últimos zares de Rusia.
La estructura narrativa del cómic es dual y se despliega con una precisión cinematográfica. La historia comienza en la fatídica noche de diciembre de 1916, durante la cena en la que sus enemigos intentaron asesinarlo. A partir de ese momento crítico, la trama utiliza constantes saltos al pasado para explorar la infancia y el ascenso de Rasputín. Desde los gélidos y brutales paisajes de Siberia hasta la opulencia decadente de San Petersburgo, el guion de Grecian construye un rompecabezas sobre la identidad de un hombre que es, simultáneamente, un santo y un monstruo.
El elemento diferenciador de esta obra es la naturaleza del "don" de Rasputín. En esta versión, sus habilidades curativas no son meros trucos de charlatán o sugestión psicológica, sino un poder tangible y aterrador. Rasputín posee la capacidad de ver los espíritus de los muertos y de transferir la vida de un ser a otro, pero este poder conlleva un costo físico y espiritual devastador. El cómic explora la carga que supone ser un sanador en un mundo que solo conoce la violencia, y cómo el trauma de su origen moldea su ambición política y su misticismo.
Sin embargo, lo que realmente eleva a Rasputin por encima de otros cómics de ficción histórica es el trabajo artístico de Riley Rossmo. El dibujante utiliza un estilo dinámico, casi etéreo, que captura perfectamente la atmósfera onírica y brutal de la Rusia imperial. Rossmo es un maestro de la narrativa visual silenciosa; gran parte del primer arco argumental carece casi por completo de diálogos, confiando en la composición de la página y en la expresividad de los personajes para transmitir la historia. Esta decisión creativa no solo refuerza la sensación de aislamiento del protagonista, sino que permite que el lector se sumerja en la crudeza del entorno siberiano y en la tensión de la corte de los Romanov.
El color, a cargo de Ivan Plascencia, juega un papel fundamental en la distinción de las épocas y los estados de ánimo. Los tonos fríos y azulados de la nieve siberiana contrastan violentamente con los rojos intensos de la sangre y los dorados asfixiantes de los palacios reales. Esta paleta cromática ayuda a subrayar el contraste entre la humildad del origen de Rasputín y la corrupción del poder que termina por rodearlo.
La obra no intenta justificar las acciones del "Monje Loco", sino que busca entender su psicología a través de un prisma fantástico. Se nos presenta a un hombre que es producto de un entorno hostil, alguien que ha aprendido que la supervivencia requiere una voluntad de hierro y, a menudo, el sacrificio de otros. La relación de Rasputín con su padre y su primer encuentro con la muerte establecen las bases de una personalidad compleja que oscila entre la compasión genuina y el egoísmo más absoluto.
En resumen, Rasputin es una pieza de ficción histórica que utiliza el lenguaje del cómic para explorar el mito detrás del hombre. Es una historia sobre el destino, el peso de los pecados pasados y la inevitabilidad de la caída. Para los lectores interesados en la historia rusa, lo sobrenatural o simplemente en el arte secuencial de alto nivel, este título ofrece una experiencia inmersiva que redefine a uno de los personajes más enigmáticos del siglo XX sin perder nunca de vista la humanidad —por muy retorcida que sea— de su protagonista. Es una obra donde el silencio dice más que las palabras y donde cada página destila una atmósfera de tragedia inminente.