En el vasto y rico panorama del cómic europeo, o *bande dessinée*, existen obras que logran trascender el simple entretenimiento para convertirse en auténticos frescos históricos. "Ramiro", la obra maestra nacida de la colaboración entre el guionista Jacques Stoquart y el legendario dibujante belga William Vance, es, sin lugar a dudas, una de esas joyas. Publicada originalmente a finales de los años 70 y principios de los 80, esta serie es un referente ineludible para los amantes de la aventura medieval y el rigor histórico.
La trama nos transporta a la convulsa Península Ibérica del siglo XII, un territorio fragmentado donde la Reconquista no es solo una guerra de fronteras, sino un complejo tablero de ajedrez político, religioso y social. El protagonista, Ramiro, es un joven caballero de origen incierto pero de noble porte, cuya vida cambia drásticamente cuando se ve envuelto en las altas esferas del poder. Pronto se revela que Ramiro es el hijo ilegítimo del rey Alfonso VIII de Castilla, un secreto que lo convierte tanto en un activo valioso para la corona como en un blanco peligroso para sus enemigos.
La narrativa de Stoquart no se limita a las batallas épicas. Aunque la acción es constante, el motor de la historia es la búsqueda de identidad del protagonista y su papel como agente del rey en misiones que requieren tanto astucia como valor. Ramiro actúa a menudo como un emisario o protector en el Camino de Santiago, una ruta que en aquella época no solo era una senda de peregrinación, sino una arteria vital por la que circulaban espías, tesoros, reliquias y secretos de estado.
Uno de los mayores atractivos de "Ramiro" es su ambientación. No estamos ante una Edad Media de fantasía, sino ante una recreación meticulosa de la Castilla medieval. La serie explora la tensión entre los reinos cristianos y el poderío de los almohades, pero también las intrigas internas entre la nobleza castellana y leonesa. El cómic logra capturar la atmósfera de una época donde la vida era precaria y el honor era la única moneda de cambio fiable.
En el apartado visual, William Vance ofrece uno de los trabajos más impresionantes de su carrera, incluso antes de alcanzar la fama mundial con *XIII*. Su estilo, caracterizado por un realismo detallista y una documentación exhaustiva, brilla especialmente en la representación de la arquitectura románica, las armaduras de la época y los áridos paisajes de la meseta castellana. Cada viñeta de Vance es una lección de composición; su capacidad para dibujar la lluvia, el barro y la luz de las catedrales sumerge al lector de forma visceral en el siglo XII. El diseño de personajes es igualmente soberbio, dotando a Ramiro de una mezcla de vulnerabilidad y determinación que lo aleja del arquetipo de héroe invulnerable.
La estructura de las historias, que a menudo se dividen en ciclos como el famoso arco del "Tesoro de los Visigodos", permite que la trama respire y se desarrolle con una profundidad literaria. Ramiro no solo debe enfrentarse a mercenarios y ejércitos, sino también a los dilemas morales de un hombre que descubre que su sangre lo encadena a un destino que él no eligió. La presencia de personajes secundarios, desde monjes enigmáticos hasta damas con sus propios intereses políticos, enriquece un mundo donde nadie es completamente lo que parece.
En conclusión, "Ramiro" es mucho más que un cómic de caballeros; es una inmersión profunda en las raíces de la historia de España a través de los ojos de un hombre que camina entre dos mundos: el de la legitimidad real y el de la aventura incierta. Para cualquier coleccionista o entusiasta del noveno arte, esta obra representa la cumbre del estilo realista franco-belga aplicado a la épica histórica. Es una lectura imprescindible que nos recuerda que, a veces, los mayores tesoros no son de oro, sino las historias que forjan el carácter de un reino.