Rambla Quincenal

La revista Rambla, y específicamente su etapa como Rambla Quincenal, representa uno de los hitos más significativos y arriesgados de la historia del noveno arte en España. Surgida en 1982, en pleno apogeo del denominado "boom del cómic adulto", esta publicación no fue simplemente una cabecera más en los quioscos, sino el resultado de un acto de rebeldía y autoafirmación profesional por parte de un grupo de autores que buscaban romper con las estructuras editoriales tradicionales.

Fundada por figuras de la talla de Josep María Beà, Luis García, Carlos Giménez, Alfonso Font y Adolfo Usero, la revista nació bajo el sello de García y Beà Editores. Su propósito era revolucionario para la época: la autogestión. Los artistas querían ser dueños de sus propias obras, controlar los procesos de edición y, sobre todo, alejarse de las imposiciones comerciales de las grandes editoriales como Bruguera o Toutain Editor. Cuando la publicación alcanzó su madurez, adoptó la periodicidad quincenal para intentar competir en un mercado saturado, consolidando una identidad visual y narrativa única.

Desde un punto de vista técnico y artístico, *Rambla Quincenal* se caracterizó por un eclecticismo absoluto. No se adscribía a una sola corriente estética; en sus páginas convivían el realismo más crudo y fotográfico con el surrealismo onírico y la experimentación vanguardista. La revista se convirtió en un laboratorio donde los autores exploraban los límites del lenguaje secuencial. Josep María Beà, por ejemplo, aportó obras cargadas de una atmósfera metafísica y perturbadora, utilizando técnicas de dibujo que desafiaban las convenciones de la narrativa lineal. Por su parte, Luis García integraba un realismo social y político de una carga visual impactante, a menudo utilizando referencias fotográficas para denunciar injusticias o retratar la complejidad de la condición humana.

El contenido de *Rambla Quincenal* reflejaba fielmente el espíritu de la Transición española y el desencanto de una generación. A diferencia de otras revistas de la época que se volcaban hacia la fantasía o la ciencia ficción de evasión, *Rambla* mantenía un pie firme en la realidad social, aunque fuera a través de prismas distorsionados. Sus historias abordaban temas como la alienación urbana, la represión, la sexualidad desde una óptica adulta y no meramente explotadora, y una crítica mordaz a las instituciones. Era un cómic de autor en el sentido más estricto de la palabra: cada página transpiraba la personalidad y las obsesiones de su creador.

La estructura de la revista permitía la serialización de obras largas junto con historias cortas autoconclusivas, lo que dotaba a cada número de un ritmo ágil. Además de los fundadores, la publicación sirvió de plataforma para nuevos talentos y firmas internacionales que compartían esa visión renovadora del medio. La calidad del papel y la impresión, aunque sujeta a las limitaciones económicas de un proyecto autogestionado, siempre buscó dignificar el trabajo de dibujo, permitiendo que los juegos de luces, sombras y las texturas del entintado se apreciaran en toda su magnitud.

A medida que avanzaba su trayectoria, *Rambla Quincenal* también se abrió a otras manifestaciones culturales, incluyendo secciones sobre música rock, cine y literatura, entendiendo que el cómic formaba parte de un ecosistema cultural más amplio y moderno. Sin embargo, el núcleo central siempre fue la viñeta entendida como arte mayor.

En resumen, *Rambla Quincenal* no fue solo una revista de historietas; fue un manifiesto impreso. Representó la lucha por la libertad creativa y la madurez de una industria que reclamaba su lugar en la cultura contemporánea española. Su lectura hoy permite comprender la evolución del cómic europeo y apreciar el talento de una generación de dibujantes que, cansados de ser meros asalariados, decidieron tomar las riendas de su destino artístico, dejando tras de sí un legado de experimentación y compromiso narrativo que sigue siendo objeto de estudio y admiración. Es una pieza indispensable para entender el paso del cómic de consumo masivo al cómic de autor en España.

Deja un comentario