Purgatori: God Hunter representa uno de los arcos narrativos más definitorios y viscerales para la icónica vampiresa de piel carmesí, consolidando su transición desde el caos editorial de los años 90 hacia una era más cruda bajo el sello de Dynamite Entertainment. Escrita por Dan Jolley e ilustrada por el recordado Al Rio, esta miniserie de tres números se aleja de las batallas genéricas entre demonios para sumergir a la protagonista en una odisea de supervivencia, ambición y blasfemia que redefine su estatus en la jerarquía del cosmos sobrenatural.
La premisa de la obra sitúa a Purgatori, anteriormente conocida como Sakkara en el antiguo Egipto, en una posición de vulnerabilidad inédita. Tras una serie de derrotas y cambios en la estructura del universo, la diosa vampiro se encuentra despojada de la vasta mayoría de sus poderes divinos. Su sangre, que alguna vez hirvió con la potencia de mil almas, está debilitada. Sin embargo, Purgatori no es un ser que acepte la decadencia con resignación. Su arrogancia es tan vasta como su sed, y su solución ante la pérdida de poder es tan audaz como peligrosa: si su propia divinidad se ha desvanecido, la arrebatará de aquellos que aún la poseen.
La trama se estructura como una cacería sistemática. Purgatori comprende que la sangre de los mortales ya no es suficiente para sostener su esencia; necesita la energía vital de los dioses. La narrativa sigue su rastro a través de diferentes planos de existencia y panteones olvidados, donde la protagonista debe utilizar no solo su fuerza física —mermada pero aún letal— sino también su astucia milenaria. El cómic explora la idea de que un depredador es más peligroso cuando está acorralado, y Purgatori encarna esta máxima a la perfección.
Uno de los puntos fuertes de *God Hunter* es el tratamiento de la mitología. El guion de Dan Jolley no se limita a los dioses conocidos por el gran público, sino que profundiza en deidades menores y entidades primordiales que han caído en el olvido, lo que otorga a la obra una atmósfera de antigüedad decadente. Cada encuentro es un duelo de voluntades donde Purgatori debe encontrar la debilidad en seres que se consideran inmortales. La tensión se mantiene constante, ya que el lector es consciente de que un solo error de la vampiresa significaría su aniquilación definitiva, dado su estado de debilidad inicial.
Visualmente, el trabajo de Al Rio es fundamental para la identidad de este cómic. Rio logra capturar la dualidad de Purgatori: una figura de una belleza hipnótica y sensual que, en un instante, puede transformarse en una manifestación de horror puro y violencia desatada. El diseño de los escenarios, que varían desde templos etéreos hasta dimensiones desoladas, refuerza la sensación de una búsqueda épica que trasciende el tiempo y el espacio. La narrativa visual es dinámica, con composiciones de página que enfatizan la velocidad y la brutalidad de los combates.
A diferencia de otras historias del personaje donde el exceso de elementos secundarios suele distraer, *God Hunter* se mantiene enfocada estrictamente en la misión de Sakkara. Es un estudio de personaje sobre la voluntad de poder. Purgatori no busca redención ni justicia; su motivación es puramente egoísta y pragmática. Esta honestidad en la caracterización es lo que ha permitido que el personaje perdure: es una villana que actúa como protagonista, y en esta serie, su desesperación la vuelve extrañamente fascinante.
En conclusión, *Purgatori: God Hunter* es una pieza esencial para entender la evolución del personaje fuera de la sombra de *Lady Death*. Es un relato de fantasía oscura que combina el horror gótico con la acción de alto voltaje, centrándose en la premisa de qué sucede cuando un ser que se cree superior a todo decide que el cielo mismo es su campo de caza. Para el lector interesado en las mitologías oscuras y en personajes con una moralidad gris oscura, este cómic ofrece una visión sin concesiones de una de las antiheroínas más persistentes del medio, demostrando que, incluso cuando los dioses caen, Purgatori siempre encuentra la forma de ascender sobre sus cenizas.