Pressing, la obra gestada por el guionista David Pamies y el dibujante David Sánchez, se erige como una de las piezas más singulares, crípticas y visualmente magnéticas del panorama del cómic contemporáneo español. Publicada por la editorial Astiberri, esta novela gráfica se aleja de las estructuras narrativas convencionales para sumergir al lector en una distopía aséptica donde la carne, la identidad y la obsesión por la forma física convergen en un relato de horror corporal minimalista.
La premisa de Pressing nos sitúa en un mundo indeterminado, una suerte de realidad paralela o futuro cercano definido por una pulcritud quirúrgica y una frialdad emocional absoluta. En este entorno, la sociedad parece regirse por un culto extremo a la estética y a la manipulación del cuerpo humano. El concepto que da título a la obra, el "pressing", hace referencia a un proceso literal y metafórico: el planchado, moldeado y aplanamiento de la anatomía humana para alcanzar unos estándares de perfección que rozan lo inhumano. Los cuerpos no son vistos como templos de la consciencia, sino como prendas de vestir orgánicas que deben carecer de arrugas, imperfecciones o cualquier rastro de espontaneidad biológica.
El protagonista de la historia es un operario que trabaja en una de las instalaciones dedicadas a este proceso. Su labor consiste en manipular estos cuerpos, tratándolos con la misma indiferencia con la que un tintorero manejaría una camisa de seda. A través de su rutina diaria, el lector es testigo de una cadena de montaje de seres humanos que son sometidos a prensas, estiramientos y modificaciones estructurales. La narrativa no se apoya en grandes diálogos explicativos; de hecho, el silencio y la economía de palabras son herramientas fundamentales que Pamies utiliza para acentuar la sensación de aislamiento y deshumanización. La trama avanza mediante la observación de rituales cotidianos que, bajo la lente de los autores, se transforman en algo profundamente perturbador.
El apartado visual, a cargo de David Sánchez, es el pilar sobre el que se sostiene la atmósfera de la obra. Sánchez es conocido por su estilo de "línea clara" extremadamente definida, heredera de la tradición francobelga pero pervertida por una sensibilidad underground y surrealista. En Pressing, su dibujo alcanza un nivel de precisión clínica. No hay sombras innecesarias, no hay texturas sucias; todo es plano, vibrante y aterradoramente limpio. Esta pulcritud visual genera una disonancia cognitiva en el lector: lo que estamos viendo es intrínsecamente grotesco —cuerpos deformados, órganos expuestos, transformaciones físicas imposibles—, pero está presentado con una elegancia y un orden que impiden apartar la mirada.
El uso del color es igualmente estratégico. Las paletas son saturadas pero frías, reforzando la idea de un mundo donde la calidez humana ha sido erradicada en favor de una eficiencia estética. Los escenarios son minimalistas, a menudo compuestos por habitaciones vacías o pasillos infinitos que evocan una sensación de claustrofobia a pesar de su amplitud. Esta puesta en escena subraya uno de los temas centrales del cómic: la vacuidad de una existencia centrada exclusivamente en el continente, ignorando por completo el contenido.
Temáticamente, Pressing funciona como una sátira feroz y abstracta sobre la tiranía de la imagen y los cánones de belleza actuales. Sin embargo, no se queda en la superficie de la crítica social. La obra explora conceptos existencialistas sobre la maleabilidad del ser y la pérdida de la individualidad en favor de una masa uniforme y "bien planchada". Hay una cualidad kafkiana en la forma en que los personajes aceptan su destino y su transformación física sin cuestionar la lógica absurda que rige su mundo.
En conclusión, Pressing es un cómic que exige una lectura activa y contemplativa. No ofrece respuestas fáciles ni una resolución catártica tradicional. Es una exploración de la "nueva carne" desde una perspectiva aséptica, un viaje al centro de una obsesión donde el cuerpo humano es el lienzo de una pesadilla geométrica. Para el lector que busque una obra que desafíe sus sentidos y su percepción de la normalidad, este trabajo de Pamies y Sánchez se consolida como una referencia ineludible del surrealismo gráfico actual.