La adaptación al cómic de Predator 2, publicada originalmente por Dark Horse Comics a principios de los años 90, no es solo un traslado literal de la película homónima a las viñetas, sino una pieza fundamental para entender la expansión del mito del cazador extraterrestre en el noveno arte. Escrita por Franz Henkel y dibujada por el veterano Dan Barry, esta obra logra capturar la atmósfera asfixiante y ultraviolenta que definió a la franquicia durante su transición de la selva centroamericana al asfalto de California.
La historia nos sitúa en un futuro cercano (para la época de su publicación), concretamente en el año 1997. La ciudad de Los Ángeles se encuentra sumida en una ola de calor sin precedentes que parece exacerbar los instintos más bajos de la población. Sin embargo, el clima no es el único problema: la metrópoli se ha convertido en un campo de batalla abierto entre carteles de la droga fuertemente armados. Por un lado, los colombianos; por otro, los jamaicanos, liderados por figuras que rozan lo místico y lo terrorífico. En medio de este caos se encuentra el teniente Mike Harrigan, un policía de métodos directos y poco ortodoxos que intenta mantener el orden en una ciudad que se desmorona por momentos.
El conflicto escala cuando una tercera facción, invisible y letal, comienza a intervenir en la guerra de bandas. Los criminales más peligrosos de la ciudad están siendo masacrados de formas que desafían la lógica forense: cuerpos colgados, desollados y decapitados en lugares de difícil acceso. Harrigan, desobedeciendo las órdenes de sus superiores y de un misterioso equipo federal liderado por el agente Peter Keyes, decide investigar por su cuenta estos asesinatos rituales. Lo que ignora es que no se enfrenta a un nuevo grupo terrorista, sino a un Yautja (el Depredador) que ha elegido Los Ángeles como su nuevo coto de caza privado.
A diferencia de la primera entrega, donde el entorno era orgánico y denso, el cómic de *Predator 2* utiliza el entorno urbano para resaltar la alienación y el peligro constante. El dibujo de Dan Barry opta por un estilo detallado y sombrío, donde las sombras de los callejones y los interiores de los edificios abandonados sirven para ocultar la figura del cazador. La narrativa visual se apoya enormemente en la tecnología del Depredador; el uso de la visión térmica y el camuflaje óptico se traslada a las viñetas con una paleta de colores que enfatiza el calor sofocante de la ciudad, utilizando tonos rojizos, naranjas y amarillos que transmiten al lector una sensación de incomodidad constante.
Uno de los puntos fuertes de esta adaptación es cómo profundiza en la psicología de Harrigan. En el cómic, su obsesión por la justicia y su frustración ante la burocracia gubernamental lo presentan como el "trofeo" perfecto para el Depredador: un guerrero con un código de honor estricto en un mundo que parece haber perdido el suyo. Mientras tanto, el equipo de Keyes actúa como un antagonista secundario, representando la ambición humana por controlar lo desconocido, lo que añade una capa de intriga política y conspiranoica a la trama de supervivencia.
El guion de Henkel respeta el ritmo cinematográfico pero aprovecha las ventajas del medio para mostrar detalles que en la pantalla podrían pasar desapercibidos. Se hace especial hincapié en el arsenal del Depredador, introduciendo armas que se volverían icónicas en el lore de la franquicia, como el disco inteligente, la lanza telescópica y la red metálica. Cada encuentro entre Harrigan y la criatura está coreografiado para mostrar la superioridad física del alienígena, obligando al protagonista a recurrir a su ingenio y a su conocimiento del terreno urbano para sobrevivir.
En resumen, el cómic de *Predator 2* es una obra esencial para los seguidores del género de ciencia ficción y acción. Logra expandir la mitología de los cazadores espaciales al establecer que no solo