*Polstar* es una de las propuestas más audaces y singulares dentro del panorama del cómic europeo de finales de los años 90 y principios de los 2000. Creada por el guionista Jean Léturgie y el dibujante Simon Léturgie (padre e hijo, respectivamente), esta obra se desmarca de las corrientes convencionales de la *bande dessinée* para ofrecer un relato que hibrida el género negro, la ciencia ficción distópica y una sátira social feroz, todo ello bajo una estética visual que juega deliberadamente con el contraste.
La historia se ambienta en un futuro indeterminado, en un universo dominado por "El Imperio", una estructura política y social asfixiante, corrupta y rígidamente jerarquizada. En este contexto de decadencia moral y tecnológica, conocemos a Polstar, el protagonista que da nombre a la serie. A primera vista, Polstar rompe con todos los arquetipos del héroe o antihéroe de acción tradicional: es un personaje de baja estatura, con una nariz prominente y un aspecto que, en cualquier otro contexto, podría considerarse caricaturesco o incluso tierno. Sin embargo, tras esa apariencia inofensiva se esconde uno de los ejecutores más letales, fríos y eficientes de la galaxia.
El punto de partida narrativo se sitúa en un entorno urbano opresivo, donde la violencia es la moneda de cambio habitual. Polstar trabaja como un "limpiador" o asesino a sueldo de élite, moviéndose con soltura entre los bajos fondos y los encargos que emanan de las altas esferas. La trama arranca cuando un encargo aparentemente rutinario —relacionado con la eliminación de un objetivo vinculado a las estructuras de poder— se complica, arrastrando al protagonista a una espiral de conspiraciones que amenazan con desestabilizar los cimientos del Imperio. A medida que la historia avanza, el lector descubre que Polstar no es solo un peón en el tablero, sino un elemento disruptor cuya motivación principal, más allá del dinero, es una suerte de código ético personal, tan implacable como oscuro.
Uno de los pilares fundamentales de *Polstar* es su construcción de mundo. Los Léturgie no se limitan a presentar una distopía genérica; diseñan una sociedad donde la burocracia, el fanatismo religioso y la desigualdad económica se entrelazan de forma grotesca. El Imperio está habitado por una amalgama de razas y castas donde la vida humana tiene un valor nulo frente a los intereses corporativos o estatales. Esta atmósfera de pesimismo se ve reforzada por un guion seco, de diálogos cortantes y una narrativa que no concede tregua ni busca la empatía fácil del lector hacia sus personajes.
El apartado gráfico de Simon Léturgie merece una mención especial por su carácter subversivo. El dibujante emplea un estilo heredero de la tradición del "gros nez" (narices grandes) típica de la escuela franco-belga humorística (como *Astérix* o *Lucky Luke*), pero lo aplica a una historia de una violencia visceral y una crudeza temática absoluta. Este choque visual es una de las señas de identidad de la obra: ver a personajes de diseño "amable" o caricaturesco protagonizar escenas de tortura, asesinatos a sangre fría y conspiraciones políticas de alto nivel genera una disonancia cognitiva que potencia el impacto de la crítica social. El uso de las sombras, el diseño de la arquitectura industrial decadente y la expresividad minimalista de Polstar contribuyen a crear una atmósfera de cine negro espacial única.
A lo largo de sus álbumes (siendo *Le Mérou* el inicio de la saga), la serie explora temas como la manipulación genética, la herencia de la violencia y la imposibilidad de redención en un sistema diseñado para triturar al individuo. Polstar no busca salvar el mundo; busca sobrevivir y, en el proceso, ejecutar su justicia con una precisión quirúrgica. La obra evita los maniqueísmos: no hay buenos contra malos, sino diferentes grados de amoralidad enfrentados por el control de los recursos y el poder.
En conclusión, *Polstar* es un cómic de culto que desafía las expectativas del lector. Es una obra cínica, visualmente fascin