Point Blank: El laberinto de espejos de Ed Brubaker y el Universo Wildstorm
*Point Blank* no es simplemente un cómic de superhéroes; es la obra que redefinió las reglas del juego dentro del Universo Wildstorm a principios de los años 2000. Escrita por Ed Brubaker y dibujada por Colin Wilson, esta miniserie de cinco números (recopilada habitualmente como un tomo completo) actúa como el puente definitivo entre la acción desenfrenada de los *Wildcats* de los años 90 y la sofisticación del género negro y el espionaje que caracterizaría a la línea bajo el sello de autores como el propio Brubaker.
La premisa arranca con un evento sísmico para la continuidad de este universo: John Lynch, el legendario y cínico director de Operaciones Internacionales (I.O.) y mentor de Gen13 y Team 7, ha sido tiroteado a quemarropa. Lynch sobrevive, pero queda sumido en un coma profundo, dejando tras de sí un rastro de secretos que nadie parece capaz de descifrar. Es aquí donde entra en escena Cole Cash, más conocido como Grifter, el pistolero y exmiembro de los Wildcats. Cash, movido por una mezcla de lealtad antigua y una deuda personal que nunca podrá saldar, decide emprender una investigación por su cuenta para encontrar al responsable del atentado.
Lo que comienza como una búsqueda de venganza estándar se transforma rápidamente en un descenso a los infiernos de la conspiración. Brubaker utiliza a Grifter no como el héroe de acción infalible, sino como un detective de novela negra clásica, un hombre fuera de su elemento que se ve superado por una red de mentiras que se extiende mucho más allá de lo que sus pistolas pueden resolver. A medida que Cole tira del hilo, se encuentra con rostros familiares del pasado de Lynch, pero vistos a través de un prisma mucho más oscuro y realista.
El antagonista en las sombras de esta historia es Tao, una de las creaciones más fascinantes y peligrosas del entorno de los Wildcats. Tao no es un villano que use la fuerza bruta; su poder reside en la manipulación psicológica absoluta. Es un maestro de la sugestión capaz de destruir vidas simplemente con las palabras adecuadas. El enfrentamiento entre la mentalidad directa de Grifter y la complejidad maquiavélica de Tao es el núcleo emocional y narrativo de la obra. A través de este conflicto, *Point Blank* explora temas como la pérdida de la identidad, la traición institucional y la imposibilidad de confiar en la propia memoria.
Visualmente, el trabajo de Colin Wilson es el complemento perfecto para el guion de Brubaker. Con un estilo que bebe directamente de la tradición del cómic europeo (Wilson trabajó extensamente en la serie *Blueberry*), el dibujo se aleja de la estética "Image" de músculos hipertrofiados para centrarse en la atmósfera. Sus páginas están llenas de sombras, rostros cansados y entornos urbanos que parecen asfixiar a los protagonistas. La narrativa visual es pausada, permitiendo que la tensión crezca en los diálogos y en los silencios, algo fundamental para el tono *hardboiled* que impregna cada viñeta.
Es crucial destacar que *Point Blank* es la precuela espiritual y directa de *Sleeper*, la aclamada serie de Brubaker y Sean Phillips. Aquí es donde se presentan personajes clave como Holden Carver y se establecen las bases del submundo criminal que dominaría las historias posteriores del autor. Sin embargo, como obra autoconclusiva, funciona a la perfección. No requiere que el lector sea un experto en la cronología de Jim Lee, ya que Brubaker se encarga de recontextualizar todo lo necesario para que la trama de suspense se sostenga por sí misma.
En resumen, *Point Blank* es una pieza esencial para entender la evolución del cómic moderno. Es el momento exacto en el que el género de capas y mallas se cruzó con el realismo sucio de la novela criminal, dando como resultado un relato tenso, inteligente y desolador sobre hombres rotos intentando encontrar una verdad que, quizás, habría sido mejor dejar enterrada. Una lectura obligatoria para quienes buscan profundidad psicológica y una trama de espionaje que no da tregua.