Dentro del vasto y fascinante panorama del tebeo clásico español, pocas obras logran capturar la esencia de la maravilla y el espíritu de aventura de mediados del siglo XX como lo hace "Platillos Volantes". Publicada originalmente por la mítica Editorial Maga, esta cabecera se convirtió en un referente indiscutible de la ciencia ficción nacional. Sin embargo, es en su Segunda Serie donde la propuesta alcanza una madurez visual y narrativa que merece un análisis detallado para cualquier entusiasta del noveno arte.
La sinopsis de esta segunda etapa nos sitúa en un futuro imaginado desde la óptica de los años 50, una era donde la carrera espacial no era solo una cuestión política, sino el lienzo sobre el cual se proyectaban los sueños y temores de la humanidad. La trama nos embarca en una odisea intergaláctica protagonizada por un grupo de exploradores terrestres que, a bordo de naves de diseño vanguardista —esos icónicos "platillos" que dan nombre a la colección—, se adentran en los confines inexplorados del cosmos.
El núcleo narrativo de esta serie no se limita a la simple exploración técnica; se centra en el encuentro con lo desconocido. Los protagonistas actúan como embajadores de la Tierra en un universo vibrante y, a menudo, hostil. A lo largo de sus páginas, el lector acompaña a la tripulación en el descubrimiento de civilizaciones alienígenas asombrosas, algunas poseedoras de una sabiduría ancestral y otras sumidas en tiranías tecnológicas que desafían la ética de nuestros héroes. Sin revelar giros específicos de la trama, se puede afirmar que cada número funciona como una ventana a un ecosistema planetario distinto, donde la fauna exótica y las arquitecturas imposibles son la norma.
El guion, habitualmente acreditado al prolífico Pedro Quesada, destaca por su ritmo cinematográfico. Quesada logra equilibrar la acción trepidante con momentos de reflexión sobre la condición humana frente a la inmensidad del vacío. No obstante, el verdadero motor que eleva esta segunda serie a la categoría de obra de culto es el apartado gráfico, liderado por el legendario José Ortiz.
En esta etapa, el arte de Ortiz muestra una evolución prodigiosa. Su dominio del claroscuro y su capacidad para dotar de volumen y dinamismo a las figuras humanas convierten cada viñeta en una pieza de exposición. La estética de "Platillos Volantes 2 Serie" es un triunfo del *retro-futurismo*: escafandras de cristal, paneles de control repletos de luces y palancas, y paisajes alienígenas que parecen extraídos de los sueños febriles de un astrónomo. La habilidad de Ortiz para diseñar tecnología que parece funcional y, al mismo tiempo, puramente fantástica, es lo que otorga a la serie su identidad visual única.
A diferencia de otras publicaciones de la época que tendían a la repetición, esta segunda serie de Maga se atrevió a explorar temas de mayor calado. Bajo la superficie de las batallas de rayos láser y las huidas desesperadas, subyace una curiosidad genuina por la alteridad. ¿Cómo reacciona el ser humano cuando sus leyes y su lógica ya no aplican? Esta es la pregunta invisible que recorre la columna vertebral de la obra.
Para el lector contemporáneo, acercarse a "Platillos Volantes 2 Serie" es realizar un ejercicio de arqueología cultural de primer orden. Es redescubrir una época en la que el cómic español no tenía nada que envidiar a las producciones estadounidenses de *Flash Gordon* o *Buck Rogers*. La serie no solo es un testimonio de la maestría técnica de sus autores, sino también un recordatorio de una forma de narrar donde la aventura pura y el sentido de la maravilla eran los pilares fundamentales.
En resumen, esta obra es una pieza imprescindible para entender la evolución de la ciencia ficción en España. Su mezcla de heroísmo clásico, diseño artístico de vanguardia y una narrativa que invita a mirar siempre hacia las estrellas, la posiciona como una joya que todo coleccionista y amante de las buenas historias debería conocer. Es, en esencia, un viaje sin retorno hacia la imaginación más desbordante del siglo pasado.