Platillos Volantes (1ª Serie): El amanecer de la ciencia ficción en el tebeo español
Para comprender la magnitud de *Platillos Volantes*, la mítica primera serie publicada por la valenciana Editorial Maga a mediados de la década de los 50 (específicamente a partir de 1955), es necesario situarse en un contexto histórico muy particular. Nos encontramos en una España que, aunque todavía sumida en la posguerra, empezaba a mirar con fascinación y temor hacia el cielo, contagiada por la fiebre de los objetos voladores no identificados que recorría el mundo tras el famoso incidente de Kenneth Arnold y el caso Roswell. En este escenario, el guionista Federico Amorós y el legendario dibujante José Ortiz unieron fuerzas para crear una de las obras más emblemáticas de la ciencia ficción del "tebeo" clásico.
La premisa de esta primera serie de *Platillos Volantes* nos sumerge de lleno en una narrativa de anticipación y aventura espacial pura. La historia arranca con la inquietante aparición de misteriosos objetos circulares en la atmósfera terrestre, una presencia que desafía las leyes de la física conocidas y que pone en jaque a las potencias mundiales. Lejos de ser un simple relato de observación astronómica, la trama escala rápidamente hacia una epopeya de supervivencia y exploración.
El núcleo de la historia sigue a un grupo de protagonistas que encarnan los ideales de la época: el científico visionario, el piloto audaz y la figura femenina que, aunque inicialmente responde a los cánones del género de los años 50, va cobrando relevancia a medida que los peligros espaciales se intensifican. Juntos, se ven envueltos en una misión desesperada para desentrañar el origen de estos visitantes. ¿Son exploradores de un mundo lejano, conquistadores implacables o heraldos de una catástrofe cósmica? Esta incertidumbre es el motor que impulsa los primeros números de la colección, manteniendo al lector en un estado de constante asombro.
Lo que realmente eleva a *Platillos Volantes* por encima de otras publicaciones contemporáneas es el apartado gráfico de José Ortiz. En esta serie, un Ortiz joven pero ya magistral despliega una capacidad inventiva asombrosa. Sus diseños de naves espaciales, ciudades futuristas y paisajes alienígenas no solo bebían de las influencias de las "strips" estadounidenses como *Flash Gordon* de Alex Raymond, sino que aportaban una suciedad y un realismo en las texturas que otorgaban a la obra una atmósfera única, casi tangible. La representación de los platillos no es estática; Ortiz logra transmitir una sensación de velocidad y amenaza tecnológica que era vanguardista para la industria española de aquel entonces.
A lo largo de sus entregas, la serie transita por diversos escenarios: desde bases secretas en la Tierra hasta las profundidades del espacio exterior, enfrentando a los protagonistas no solo a civilizaciones extraterrestres con tecnologías incomprensibles, sino también a dilemas morales sobre el destino de la humanidad y el uso de la energía atómica, un tema muy presente en el subconsciente colectivo de la Guerra Fría. La narrativa de Amorós es ágil, cargada de diálogos dramáticos y giros de guion que terminaban siempre en un "cliffhanger" diseñado para que el lector corriera al quiosco la semana siguiente.
*Platillos Volantes* no es solo un cómic de aventuras; es un testimonio de una era en la que el espacio era la última frontera de la imaginación. La serie logró capturar la mezcla de optimismo tecnológico y terror existencial que definía a los años 50. Para el lector actual, acercarse a esta primera serie es realizar un viaje arqueológico a las raíces de la ciencia ficción en español, descubriendo una obra que, a pesar del paso del tiempo, conserva una fuerza visual y una capacidad de maravillar que muchos cómics modernos envidiarían. Es, en definitiva, una pieza de coleccionista imprescindible para entender cómo soñábamos con las estrellas cuando los platillos volantes todavía eran un misterio sin resolver.