Platillos Volantes

Platillos Volantes: Un viaje lírico a la frontera entre la realidad y el asombro

Luis Durán es, sin duda, uno de los autores más singulares, personales y necesarios del panorama del cómic español de las últimas décadas. Su obra se aleja de los cánones comerciales para adentrarse en un terreno donde la poesía, la metafísica y la cotidianidad se entrelazan de forma indisoluble. Dentro de su vasta y fascinante bibliografía, *Platillos Volantes* destaca como una de sus piezas más redondas, una novela gráfica que funciona como un espejo de la memoria colectiva y un canto a la capacidad de asombro del ser humano.

Publicada originalmente a principios de los años 2000, esta obra nos transporta a una España que parece suspendida en un tiempo indeterminado, aunque con fuertes ecos de las décadas de los 60 y 70. La trama nos presenta a un grupo de personajes, principalmente niños y adolescentes, que habitan en un entorno rural o de pequeña ciudad de provincias, un escenario que Durán maneja con una maestría nostálgica envidiable. El motor de la historia es, como indica el título, la fascinación por los objetos volantes no identificados, un fenómeno que en aquella época capturó la imaginación de todo un país y que aquí sirve como catalizador para explorar las inquietudes existenciales de sus protagonistas.

Sin embargo, quien busque en *Platillos Volantes* una historia de ciencia ficción convencional, con invasiones alienígenas o tecnología futurista, se encontrará con algo mucho más profundo y sutil. Los platillos volantes de Durán no son naves espaciales en el sentido estricto, sino metáforas de la evasión, de la búsqueda de algo que trascienda la gris realidad de la posguerra y la transición. Para los niños de la historia, mirar al cielo es una forma de resistencia contra un mundo adulto que a menudo se presenta como rígido, incomprensible o carente de magia.

La narrativa de Luis Durán se caracteriza por un ritmo pausado, casi onírico. A través de diálogos cargados de una filosofía sencilla pero demoledora, el autor reflexiona sobre el paso del tiempo, la pérdida de la inocencia y la soledad. Los personajes de *Platillos Volantes* están magistralmente dibujados desde el punto de vista psicológico; son seres que buscan su lugar en el mundo mientras lidian con sus propios miedos y esperanzas. La relación entre los amigos, marcada por la complicidad y el descubrimiento compartido, es el corazón emocional de la obra.

En el apartado visual, Durán despliega su estilo inconfundible. Su dibujo, de trazo vibrante y un uso del blanco y negro que juega constantemente con las texturas y las sombras, crea una atmósfera densa y envolvente. No es un dibujo complaciente; es un arte que exige atención, lleno de detalles que refuerzan esa sensación de realismo mágico que impregna cada página. Las composiciones de página son fluidas, permitiendo que la historia respire y que el lector se sumerja en el estado de ánimo de los personajes.

Uno de los mayores logros de *Platillos Volantes* es su capacidad para evocar una sensación universal: ese momento preciso en la vida en el que la infancia comienza a desvanecerse y el misterio del universo empieza a ser sustituido por las certezas, a veces amargas, de la madurez. Durán logra que el lector sienta el peso del cielo sobre sus hombros y la emoción de esperar una señal que cambie nuestras vidas para siempre.

En conclusión, *Platillos Volantes* es mucho más que un cómic sobre ovnis. Es una exploración humanista sobre la necesidad de creer en lo invisible para poder soportar lo visible. Es una obra imprescindible para cualquier amante de la narrativa gráfica que busque historias con alma, capaces de conmover y hacer reflexionar mucho después de haber cerrado el libro. Luis Durán nos regala una joya de la literatura dibujada que reivindica la imaginación como la herramienta más poderosa del ser humano frente a la soledad del cosmos. Una lectura obligatoria que nos recuerda que, a veces, lo más extraordinario no viene de otros planetas, sino de la forma en que decidimos mirar el nuestro.

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