Piel de lobo

En el vasto y a menudo críptico panorama del cómic independiente español, pocas obras logran capturar la esencia de lo atávico y lo surrealista con la precisión quirúrgica de "Piel de lobo", la obra maestra de Sergi Puyol. Publicada originalmente por la editorial Apa Apa Cómics, esta pieza se erige no solo como una narración visual, sino como un artefacto psicológico que desafía las convenciones del lenguaje secuencial para sumergir al lector en una experiencia sensorial y existencialista.

La premisa de "Piel de lobo" es, en apariencia, de una sencillez engañosa. La historia nos presenta a un hombre corriente, un individuo cuya identidad parece diluida en la cotidianidad, que en un momento de ruptura o hallazgo fortuito —según cómo decida interpretarlo el lector— entra en posesión de una piel de lobo. Lo que comienza como un acto de curiosidad o quizás un impulso de escapismo, pronto se convierte en una metamorfosis física y mental. Al enfundarse en la piel del depredador, el protagonista no solo cambia su apariencia, sino que inicia un proceso de desaprendizaje de lo humano para abrazar lo salvaje.

Como experto en el medio, es fascinante observar cómo Sergi Puyol utiliza el silencio narrativo como su herramienta principal. "Piel de lobo" es un cómic mudo, o casi mudo, donde la ausencia de diálogos no es una carencia, sino una elección estética y narrativa deliberada. Al eliminar la palabra, Puyol obliga al lector a fijar la vista en el lenguaje corporal, en la composición de las viñetas y en el ritmo pausado de la acción. Esta decisión refuerza la temática de la obra: el retorno a un estado primigenio donde el lenguaje articulado ya no tiene lugar, donde el instinto prevalece sobre la razón.

El estilo visual de Puyol en esta obra es digno de un análisis profundo. Utiliza una línea clara, limpia y sintética, heredera de la tradición franco-belga pero pasada por el tamiz del surrealismo contemporáneo. El uso del blanco y negro es absoluto, creando un contraste que acentúa la dualidad entre la civilización y la naturaleza, entre el hombre y la bestia. Los escenarios, a menudo bosques densos o espacios oníricos, se sienten vivos, casi opresivos, envolviendo al protagonista en una atmósfera de aislamiento que es, al mismo tiempo, liberadora.

La sinopsis nos lleva a seguir los pasos de este "hombre-lobo" improvisado mientras se interna en la espesura. No hay grandes batallas épicas ni transformaciones sobrenaturales al estilo de Hollywood; lo que encontramos es una exploración introspectiva sobre la identidad. ¿Es la piel un disfraz o es la revelación de una verdad interna? A medida que el protagonista se aleja de las estructuras sociales, el lector se ve asaltado por preguntas sobre la alienación moderna y la necesidad humana de reconectar con una naturaleza que hemos intentado domesticar, pero que sigue latiendo bajo nuestra ropa.

El ritmo de la obra es hipnótico. Puyol maneja los tiempos con una maestría que recuerda al cine de autor, permitiendo que las acciones más mundanas —moverse entre los árboles, observar una presa, sentir el frío— adquieran una relevancia trascendental. Es un cómic que se lee rápido pero que se digiere lentamente, dejando un poso de extrañeza y fascinación.

Sin caer en revelaciones que arruinen la experiencia, se puede decir que "Piel de lobo" es una parábola sobre la pérdida de uno mismo y el hallazgo de algo más antiguo y feroz. Es una invitación a despojarse de las convenciones sociales y a preguntarse qué queda de nosotros cuando nos quitamos la máscara de la civilización para ponernos, simplemente, la piel de lo que realmente somos.

En conclusión, para cualquier amante del noveno arte que busque algo más allá del entretenimiento convencional, "Piel de lobo" es una lectura obligatoria. Es una obra que demuestra que el cómic es el medio perfecto para explorar los rincones más oscuros y silenciosos de la psique humana. Sergi Puyol no solo dibuja una historia; captura un estado de ánimo, una regresión necesaria y perturbadora que resuena mucho después de haber cerrado el libro. Una joya del minimalismo narrativo que todo coleccionista debería atesorar.

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