Philemon

Philémon: La odisea de la imaginación desbordada

En el vasto panteón del cómic europeo, existen obras que definen géneros y otras que, sencillamente, crean el suyo propio. *Philémon* (o Filemón, en algunas ediciones en español), la obra maestra del autor francés Fred (Othon Aristides), pertenece indiscutiblemente a la segunda categoría. Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista *Pilote* a partir de mediados de los años 60, esta serie no es solo una historieta de aventuras; es un manifiesto sobre la libertad creativa, un viaje surrealista que desafía las leyes de la física, la lógica y la narrativa convencional.

La premisa de *Philémon* es tan sencilla como genialmente absurda. El protagonista es un adolescente de aspecto humilde, vestido siempre con un jersey de rayas blancas y azules demasiado corto para su talle y unos pantalones oscuros. Philémon vive en la campiña francesa, en una granja donde la cotidianidad parece inamovible. Sin embargo, su vida cambia para siempre cuando, por accidente, cae en un pozo seco y termina transportado a un mundo que desafía cualquier cartografía conocida.

El gran hallazgo conceptual de Fred, y el motor de toda la serie, es el descubrimiento de que las letras que forman las palabras "Océano Atlántico" en los mapas no son meras convenciones gráficas, sino islas físicas y tangibles. Philémon aterriza en la letra "A", la primera del nombre del océano, y allí descubre un ecosistema regido por leyes oníricas. En este archipiélago alfabético, las letras tienen relieve, vegetación, fauna y una geografía propia que solo puede ser comprendida a través de la lente de la imaginación pura.

En este primer viaje, Philémon conoce a Barthélémy, un pocero que lleva cuarenta años náufrago en la "A". Barthélémy, acompañado por su fiel centauro "viernes" (un guiño evidente a Robinson Crusoe), desea desesperadamente regresar a la realidad, a pesar de que el mundo de las letras es infinitamente más fascinante que el gris mundo cotidiano. Este contraste es uno de los pilares de la obra: la tensión entre la lógica pragmática de los adultos y la capacidad de asombro de Philémon.

A lo largo de sus álbumes, Fred despliega un bestiario y una mitología sin parangón. Philémon se encontrará con barcos que navegan sobre nubes de arena, pianos que crecen en los árboles, linternas mágicas que proyectan realidades y criaturas como los "papillons-clowns" (mariposas-payaso) o el autoritario "Manu-Manu". Pero lo que realmente eleva a *Philémon* por encima de otras obras de fantasía es su autoconsciencia. Fred fue un pionero en romper la "cuarta pared". Sus personajes son conscientes de que habitan en una página de papel; a menudo saltan de una viñeta a otra, caminan por los márgenes o interactúan con los globos de texto. El cómic no es solo el soporte de la historia, es parte integral del juego surrealista.

El dibujo de Fred es otro de los elementos distintivos. Con un trazo que puede parecer ingenuo a primera vista, pero que esconde una sofisticación técnica envidiable, el autor logra plasmar atmósferas que oscilan entre lo poético y lo inquietante. Sus composiciones de página son lecciones magistrales de diseño, donde el blanco del papel se convierte en un personaje más, simbolizando el vacío o lo desconocido.

Otro personaje fundamental en la saga es el tío de Philémon, Mr. Albert. Albert es el único adulto que parece comprender, o al menos aceptar, la existencia de este mundo paralelo, actuando a menudo como un guía reticente o un mediador entre la fantasía y la realidad. Por el contrario, el padre de Philémon representa el escepticismo absoluto, el hombre que solo cree en lo que puede tocar y que ve en las historias de su hijo meras distracciones o locuras.

Leer *Philémon* hoy en día sigue siendo una experiencia transformadora. No es una obra que busque la adrenalina del conflicto bélico o la resolución de un misterio policial. Es una invitación a mirar el mundo de otra manera, a entender que la realidad es mucho más elástica de lo que nos han enseñado. Es una oda a la duda, al error creativo y a la belleza de lo imposible.

En resumen, *Philémon* es una joya del noveno arte que trasciende edades. Para los niños, es un cuento de hadas psicodélico y divertido; para los adultos, es una reflexión profunda sobre la naturaleza del lenguaje y la representación artística. Fred no solo dibujó un cómic; cartografió el territorio de los sueños, recordándonos que, a veces, para encontrar la aventura más grande de nuestras vidas, solo hace falta mirar con

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