Pedrín y Timotea 2

Adentrarse en las páginas de "Pedrín y Timotea 2" es realizar un viaje directo a la esencia más pura del tebeo español y, por extensión, a los cimientos de la carrera de uno de los genios indiscutibles del noveno arte en España: Francisco Ibáñez. En este segundo volumen recopilatorio, nos encontramos con una obra que, si bien pertenece a la etapa temprana del autor, ya destila gran parte del ingenio, el dinamismo visual y la mordacidad que más tarde harían de *Mortadelo y Filemón* un fenómeno mundial.

La serie, que originalmente vio la luz en las páginas de la mítica revista *El DDT* a finales de los años 50, nos presenta una de las dinámicas cómicas más clásicas y efectivas de la ficción: el contraste absoluto entre dos personajes condenados a entenderse. Por un lado, tenemos a Pedrín, un hombre menudo, algo apocado y de rasgos suaves, que representa al ciudadano medio que intenta navegar por las convenciones sociales de la época con la mayor dignidad posible. Por el otro, emerge la imponente figura de Timotea, su eterna prometida (o esposa, según la evolución de las tiras), una mujer de gran estatura, carácter volcánico y una fuerza física que a menudo se convierte en el motor de la resolución —o el desastre— de cada historieta.

En este segundo tomo, el lector podrá observar una evolución técnica fascinante. Ibáñez empieza a soltar la mano, alejándose de la rigidez de sus primeros trabajos para abrazar ese estilo cinético donde los personajes parecen estar en constante movimiento, incluso cuando están parados. Las viñetas de "Pedrín y Timotea 2" son un catálogo de expresiones exageradas, caídas acrobáticas y el uso magistral del *slapstick* (humor físico). Aquí, un simple paseo por el parque o una cena en casa de unos parientes se convierte en un campo de batalla donde el malentendido es la ley y el golpe el punto final.

La temática de este volumen gira en torno a la vida cotidiana de la clase media española de mediados del siglo XX, pero pasada por el filtro del absurdo. Los guiones exploran las tensiones del noviazgo eterno, las dificultades económicas, las apariencias sociales y, sobre todo, la lucha de poder dentro de la pareja. Timotea no es solo la contraparte física de Pedrín; es una fuerza de la naturaleza que rompe con el estereotipo de la mujer pasiva de la época, tomando a menudo la iniciativa, aunque sea para propinarle un mamporro a su sufrido compañero tras una metedura de pata.

Lo que hace que "Pedrín y Timotea 2" sea una pieza de coleccionista no es solo la nostalgia, sino su valor como documento histórico y artístico. A través de sus chistes, Ibáñez retrata una España de sombreros, gabardinas y serenos, pero lo hace con una ironía que todavía hoy resulta fresca. Además, en estas páginas ya empezamos a vislumbrar esos detalles secundarios en los fondos de las viñetas —ratoncitos haciendo de las suyas, objetos que cobran vida o carteles con juegos de palabras— que se convertirían en la firma personal del autor.

Este volumen no solo recopila historietas; recopila una forma de entender el humor que se basa en la resiliencia. Pedrín, a pesar de terminar sistemáticamente magullado o humillado, siempre vuelve en la siguiente página con una sonrisa o un nuevo plan, encarnando ese espíritu del superviviente que tanto caló en el público de la posguerra. Para el estudioso del cómic, es una oportunidad de ver cómo se pulía el diamante; para el lector casual, es una sucesión de carcajadas garantizadas por la impecable estructura de los gags.

En conclusión, "Pedrín y Timotea 2" es un testimonio del talento de un Ibáñez que ya dominaba el ritmo de la comedia antes de alcanzar la fama masiva. Es una obra imprescindible para entender la evolución de la Escuela Bruguera y un recordatorio de que, a veces, las mejores historias no necesitan de grandes epopeyas, sino de un hombre bajito, una mujer con mucho carácter y un sinfín de situaciones disparatadas donde el amor y el porrazo van de la mano. Un clásico recuperado que mantiene intacta su capacidad de divertir a generaciones enteras.

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