Peanuts – Carlitos

Peanuts: Una odisea existencial en el patio de recreo

Cuando Charles M. Schulz comenzó a publicar *Peanuts* el 2 de octubre de 1950, pocos podían imaginar que esa pequeña tira de prensa, protagonizada por un grupo de niños con cabezas redondas y preocupaciones desproporcionadamente adultas, se convertiría en el fenómeno cultural más influyente en la historia del noveno arte. Conocida en el mundo hispanohablante bajo el título de *Carlitos y Snoopy* o simplemente *Carlitos*, esta obra trasciende la etiqueta de "cómic infantil" para erigirse como un tratado filosófico sobre la condición humana, la resiliencia y la melancolía.

La sinopsis de *Peanuts* no se articula a través de una trama lineal de aventuras, sino mediante la exploración de los pequeños fracasos cotidianos y las grandes preguntas de la vida. En el centro de este universo se encuentra Charlie Brown (el entrañable Carlitos), un niño de unos ocho años que personifica la perseverancia frente a la derrota constante. Carlitos no es un héroe al uso; es el "perdedor adorable" que nunca logra que su cometa vuele sin que el "Árbol Come-cometas" la devore, que jamás gana un partido de béisbol y que, año tras año, intenta patear un balón de fútbol americano que su amiga Lucy le arrebata en el último segundo. A través de él, Schulz nos habla de la ansiedad, la inseguridad y la soledad, pero también de la inquebrantable esperanza de intentarlo una vez más al día siguiente.

El contrapunto perfecto a la introspección de Carlitos es Snoopy, su perro de raza beagle. Si Carlitos representa la realidad cruda y el peso de la responsabilidad, Snoopy es la encarnación de la imaginación y el escapismo. Desde el techo de su caseta, Snoopy no es un simple animal doméstico; es un as de la aviación de la Primera Guerra Mundial persiguiendo al Barón Rojo, un novelista frustrado que siempre empieza con "Era una noche oscura y tormentosa", o un sofisticado universitario llamado Joe Cool. Su capacidad para transformar su entorno mediante la fantasía ofrece el alivio cómico y poético necesario para equilibrar el tono de la obra.

El reparto secundario es igualmente icónico y profundo. Tenemos a Lucy van Pelt, la niña mandona y cínica que regenta un puesto de "Ayuda Psiquiátrica" por cinco centavos, ofreciendo consejos tan directos como brutales. Su hermano menor, Linus, es el filósofo del grupo; a pesar de depender de su manta de seguridad, posee una sabiduría teológica y existencial que deja mudos a los adultos (quienes, por cierto, nunca aparecen en viñeta ni se les oye hablar). Schroeder, el virtuoso del piano de juguete obsesionado con Beethoven, representa la pureza del arte frente a las distracciones del mundo. Y no podemos olvidar a personajes como Peppermint Patty, la atleta con dificultades académicas, o Marcie, la intelectual que la sigue fielmente.

Lo que hace que *Peanuts* sea una obra maestra para cualquier experto en cómics es su capacidad para tratar temas complejos —como la depresión, la fe religiosa, el amor no correspondido por la "Niña Pelirroja" o la búsqueda de propósito— con un dibujo de líneas simples, limpias y expresivas. Schulz revolucionó el lenguaje de las tiras cómicas al eliminar el *slapstick* (humor físico) gratuito para centrarse en el diálogo y la psicología. Cada viñeta es una lección de economía narrativa: con un ligero cambio en la posición de las cejas de Carlitos, el autor es capaz de transmitir una angustia universal.

A lo largo de sus cincuenta años de publicación ininterrumpida, *Peanuts* construyó una mitología propia. Elementos como la espera del "Gran Calabazón" en Halloween o las reflexiones de Woodstock (el pequeño pájaro amarillo amigo de Snoopy) se han convertido en símbolos de la cultura popular. Leer *Carlitos* no es solo leer sobre la infancia; es enfrentarse a un espejo donde los miedos y alegrías de los niños son, en realidad, los mismos que los de los adultos. Es una obra que nos enseña que, aunque el mundo a veces parezca un lugar difícil donde las cometas se pierden y los balones se escapan, siempre habrá un amigo con quien compartir una manta o un perro que nos recuerde que la felicidad puede ser, simplemente, un cálido rayo de sol.

En definitiva, *Peanuts* es una lectura obligatoria que define el potencial del cómic como medio para la reflexión profunda. Es una crónica agridulce, inteligente y profundamente humana que sigue tan vigente hoy como el día en que Charlie Brown apareció por primera vez en el papel.

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