Dentro del vasto y colorido universo transmedia creado por la editorial francesa Ankama, la trilogía 'Pandala' ocupa un lugar de honor por su audacia narrativa y su propuesta estética. Creada íntegramente por el artista Bertrand Hottin, esta obra se desmarca de las adaptaciones convencionales del videojuego *Dofus* para ofrecer una experiencia sensorial que redefine lo que esperamos de un cómic de fantasía.
La premisa de 'Pandala' nos sitúa en la isla homónima, un territorio legendario dentro del Mundo de los Doce, conocido por su exuberante vegetación, su conexión con los espíritus y la cultura de sus habitantes, los Pandawas. Sin embargo, lejos de la atmósfera festiva o aventurera que a menudo impregna otros productos de la franquicia, este cómic arranca con una nota de tragedia y desolación. El protagonista es un pequeño Pandawa, apenas un niño, que se convierte en el único superviviente tras el brutal ataque y la destrucción total de su aldea a manos de fuerzas invasoras.
A partir de este punto, la obra se transforma en un viaje iniciático y de supervivencia. El joven protagonista debe atravesar una geografía tan hermosa como letal, enfrentándose no solo a los peligros físicos de la selva y las criaturas que la habitan, sino también al peso del trauma y la soledad. A medida que avanza, el lector descubre junto a él los secretos místicos de la isla, la influencia de los elementos y la presencia constante de fuerzas sobrenaturales que observan cada uno de sus pasos.
Lo que hace que 'Pandala' sea una pieza excepcional en el panorama del cómic europeo es su naturaleza de cómic mudo. Hottin prescinde por completo de los globos de texto, las onomatopeyas y los cuadros de narración. No hay diálogos que expliquen las motivaciones de los personajes ni descripciones que detallen el entorno. Toda la carga narrativa recae exclusivamente en el lenguaje visual. Esta decisión no es un mero capricho formal; es una herramienta que obliga al lector a sumergirse en la atmósfera de la isla, interpretando las emociones a través de las expresiones faciales, el lenguaje corporal y el ritmo de las viñetas.
El apartado artístico es, por tanto, el corazón absoluto de la obra. Bertrand Hottin utiliza una técnica pictórica que recuerda a la acuarela y al arte conceptual de alta calidad. Cada página es una composición orgánica donde el color juega un papel psicológico fundamental: desde los verdes vibrantes y amarillos cálidos que representan la vida y la naturaleza virgen, hasta los tonos sombríos, grises y rojizos que marcan los momentos de peligro, violencia o tristeza. La ausencia de palabras potencia la escala épica de los paisajes, haciendo que la isla de Pandala se sienta como un personaje vivo, cambiante y, a menudo, indiferente al sufrimiento del pequeño protagonista.
A pesar de su vinculación con el universo *Dofus*, 'Pandala' posee una identidad propia tan fuerte que puede ser disfrutada plenamente por alguien que jamás haya jugado al título de Ankama. La historia toca temas universales: la pérdida de la inocencia, la resiliencia ante la adversidad y la relación intrínseca entre el individuo y su entorno natural. El viaje del pequeño Pandawa no es solo una huida, sino una búsqueda de propósito en un mundo que parece haberle dado la espalda.
En conclusión, 'Pandala' es una obra imprescindible para los amantes del noveno arte que buscan algo más allá de la narrativa convencional. Es un ejercicio de maestría visual que demuestra que el dibujo, cuando es ejecutado con sensibilidad y técnica, no necesita de la palabra para transmitir una historia profunda, emocionante y visualmente arrebatadora. Es, sin duda, la joya más poética y contemplativa de todo el catálogo de Ankama.