Dentro del vasto y a menudo surrealista panorama del cómic independiente estadounidense, la figura de Sam Kieth emerge como una de las más singulares y reconocibles. Tras consolidar su fama con *The Maxx*, Kieth se embarcó en proyectos más personales y experimentales, entre los cuales destaca 'Ojo', una miniserie de cinco números publicada originalmente por Oni Press en 2004. Esta obra es una destilación pura de las obsesiones del autor: la fragilidad de la infancia, la belleza de lo grotesco y la desconexión emocional en entornos suburbanos.
La historia de *Ojo* se centra en Annie, una niña pequeña que vive en un entorno rural y aparentemente descuidado. Annie es una protagonista que encarna la soledad y la curiosidad de una infancia que carece de supervisión adulta constante o de una estructura familiar convencional. Su vida cambia drásticamente cuando, en el patio trasero de su casa, descubre a una criatura extraña, una masa biológica amorfa y perturbadora que parece consistir principalmente en una multitud de ojos y extremidades desproporcionadas. Lejos de huir aterrorizada, Annie decide adoptar a la criatura, bautizándola simplemente como "Ojo".
La premisa se desarrolla como una versión distorsionada y oscura de los relatos de "niño encuentra mascota". Sin embargo, en manos de Kieth, esta relación no es una aventura de fantasía escapista, sino un estudio psicológico sobre la responsabilidad y la proyección emocional. Annie intenta cuidar de Ojo con la misma torpeza y determinación con la que un niño intentaría cuidar de un animal herido, pero la naturaleza de la criatura es incierta. No sabemos si es un alienígena, una mutación, una manifestación de la psique de la niña o algo mucho más antiguo y siniestro. Esta ambigüedad es el motor narrativo que mantiene la tensión durante toda la obra.
Visualmente, *Ojo* es un festín para los seguidores del estilo "sucio" y expresionista. Sam Kieth utiliza una técnica mixta que combina un entintado denso y caótico con texturas que parecen evocar la suciedad y la humedad del entorno de Annie. El diseño de la criatura es un triunfo de la imaginación grotesca; Ojo es a la vez repulsivo y extrañamente vulnerable, una contradicción visual que refleja los sentimientos de la propia Annie. El dibujo de Kieth no busca la perfección anatómica, sino la transmisión de sensaciones: el frío, el miedo, la curiosidad y la incomodidad física están presentes en cada viñeta. El uso del espacio en la página es dinámico, rompiendo a menudo las estructuras tradicionales de los paneles para sumergir al lector en la desorientada perspectiva de la protagonista.
El cómic explora temas profundos sin necesidad de recurrir a diálogos expositivos densos. Se habla de la negligencia, no a través de discursos, sino a través de los silencios y de la forma en que Annie interactúa con un mundo que parece haberla olvidado. La relación entre la niña y la criatura sirve como un espejo de la necesidad humana de conexión, incluso cuando el objeto de ese afecto es incomprensible o potencialmente peligroso. Hay una melancolía subyacente que impregna el relato, una sensación de que algo está irremediablemente roto en el mundo de Annie, y que el encuentro con Ojo es solo un síntoma de esa fractura.
A diferencia de otras obras de Kieth que pueden derivar hacia el género de superhéroes o la acción metafísica, *Ojo* se mantiene firmemente anclado en un realismo sucio interrumpido por lo fantástico. Es una obra contenida, íntima y profundamente atmosférica. No busca ofrecer respuestas fáciles sobre el origen de la criatura o el destino final de los personajes, sino que invita al lector a habitar ese espacio liminal entre la inocencia infantil y el horror de lo desconocido.
En resumen, *Ojo* es una pieza esencial para