Ogu

Hablar de Ogu es adentrarse en uno de los pilares fundamentales de la narrativa gráfica latinoamericana. Aunque técnicamente forma parte de la saga "Mampato", el personaje de Ogu es tan magnético, vibrante y esencial que ha logrado reclamar un espacio propio en el imaginario colectivo, convirtiéndose en el alma de las aventuras creadas por el legendario autor chileno Themo Lobos. Como experto en el noveno arte, describir esta obra no es solo hablar de un cómic de aventuras, sino de una cátedra de narrativa, humor y diseño de personajes.

La premisa nos sitúa inicialmente en la vida de Mampato, un niño inquieto que, tras obtener un cinturón espacio-temporal, decide viajar a la prehistoria. Es allí donde la serie encuentra su verdadero corazón al presentarnos a Ogu, un hombre de las cavernas perteneciente a la tribu de los Gola-Gola. Desde su primera aparición, Ogu rompe con los tropos habituales del "salvaje" para erigirse como una figura de una humanidad desbordante. No es simplemente un alivio cómico; es la fuerza bruta guiada por un corazón noble, una lealtad inquebrantable y un apetito insaciable que mueve gran parte de la trama.

La sinopsis de sus aventuras nos lleva a un mundo donde lo anacrónico y lo histórico se entrelazan con una maestría inusual. Ogu no es solo un habitante del pasado; es el compañero de viaje ideal que aporta la perspectiva del instinto puro frente a la lógica moderna de Mampato. Juntos, recorren desde las estepas prehistóricas hasta civilizaciones antiguas y futuros distópicos. Sin embargo, el núcleo de la obra siempre regresa a la relación entre estos dos amigos. Ogu representa la libertad absoluta, la conexión con la naturaleza y la valentía que no conoce el miedo, no por falta de inteligencia, sino por una confianza total en sus propias capacidades y en las de su "amiguito".

Visualmente, el trabajo de Themo Lobos en 'Ogu' es prodigioso. Su estilo se enmarca en la tradición de la "línea clara" europea, pero con un dinamismo y una expresividad que le son propios. Ogu está diseñado con formas redondeadas y robustas que transmiten su fuerza física, pero sus expresiones faciales —especialmente cuando se trata de comida o de proteger a los suyos— poseen una elasticidad digna de los mejores dibujos animados. Los escenarios que habitan están dibujados con un rigor histórico y geográfico que delata la profunda investigación del autor, logrando que el lector se sumerja por completo en cada época visitada.

El guion de estas historias destaca por su equilibrio. Existe un componente educativo intrínseco, ya que el lector aprende sobre arqueología, historia y antropología sin sentir que está leyendo un libro de texto. Pero por encima de todo, 'Ogu' es una celebración del humor. El lenguaje particular del cavernícola (su icónico "¡Agú!" o su forma de hablar en tercera persona) y sus constantes malentendidos con la tecnología o las costumbres de otras épocas generan situaciones de una comedia blanca pero inteligente, capaz de cautivar tanto a niños como a adultos.

En resumen, 'Ogu' es más que un personaje de apoyo; es el símbolo de una era dorada del cómic en español. Representa la curiosidad humana y la amistad que trasciende las barreras del tiempo y el lenguaje. Leer sus aventuras es embarcarse en un viaje donde el

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