Octubre y Nosotros

Octubre y Nosotros, la obra escrita e ilustrada por Ismael Canales, se posiciona dentro del panorama del cómic español contemporáneo como una pieza fundamental del realismo introspectivo y el costumbrismo generacional. La narrativa se aleja de los tropos habituales de la épica o el fantástico para sumergirse en las aguas, a veces estancadas y a veces turbulentas, de la transición a la madurez. La historia nos sitúa en un escenario geográfico y emocional muy concreto: una ciudad de provincias que actúa no solo como telón de fondo, sino como un personaje silencioso que condiciona las aspiraciones y los miedos de sus protagonistas.

La trama se articula en torno a un grupo de amigos que, tras haber pasado la primera juventud y encontrarse en ese umbral incierto de los veintitantos o treinta tempranos, se ven obligados a confrontar el peso de sus propias expectativas. El título, cargado de simbolismo, utiliza el mes de octubre como una metáfora extendida del cambio de estación vital. Es el fin del "verano" de la despreocupación y el inicio de un otoño donde las hojas de los proyectos no realizados comienzan a caer. La narrativa explora el sentimiento de pertenencia y, simultáneamente, el deseo de huida que experimentan aquellos que sienten que su entorno se ha quedado pequeño, pero que carecen de la inercia necesaria para abandonarlo definitivamente.

A nivel argumental, el cómic evita los grandes giros de guion para centrarse en la micro-narrativa de lo cotidiano. Los diálogos son el motor principal de la obra; conversaciones en bares, paseos por calles semivacías y encuentros fortuitos sirven para desgranar la psicología de unos personajes que lidian con la precariedad laboral, la erosión de las amistades de la infancia y la búsqueda de una identidad propia fuera del núcleo familiar. Ismael Canales demuestra una capacidad notable para capturar la "nada" que ocurre en las ciudades pequeñas, transformando el aburrimiento y la rutina en una materia prima emocional de gran calado.

Visualmente, Octubre y Nosotros destaca por un estilo que prioriza la atmósfera sobre el detalle técnico exhaustivo. El trazo de Canales es expresivo y orgánico, capaz de transmitir la pesadez del ambiente o la fragilidad de un gesto con apenas unas líneas. El uso del color (o la ausencia estratégica del mismo en ciertas ediciones o pasajes) juega un papel crucial en la construcción de la melancolía que impregna el relato. La paleta cromática suele evocar esa luz mortecina de los atardeceres de otoño, reforzando la sensación de que los personajes están viviendo en un tiempo de descuento, en un interludio antes de que la vida "adulta" se imponga de manera irreversible.

Uno de los puntos más fuertes de la obra es su capacidad para generar empatía sin caer en el sentimentalismo barato. El autor no juzga a sus personajes por su inacción o por sus errores; simplemente los observa con una mirada honesta y algo desencantada. El lector se convierte en un testigo invisible de las tensiones subyacentes en el grupo: los silencios incómodos, las bromas que ya no hacen gracia y la nostalgia por una versión de sí mismos que ya no existe. Es un cómic sobre la pérdida de la inocencia, pero no desde una perspectiva trágica, sino desde la aceptación resignada de que crecer implica, necesariamente, dejar cosas atrás.

En conclusión, Octubre y Nosotros es una lectura esencial para entender la narrativa gráfica actual que se preocupa por la realidad social y

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