Normandy Gold es una obra que se sitúa en la intersección perfecta entre la narrativa criminal de la vieja escuela y la agudeza del *neo-noir* contemporáneo. Publicada bajo el prestigioso sello Hard Case Crime de Titan Comics, esta miniserie de cinco números es el resultado de una colaboración excepcional entre dos de las voces más potentes de la novela negra actual: Megan Abbott y Alison Gaylin, con el arte detallado de Steve Scott.
La historia nos traslada a la década de 1970, un periodo marcado por la desilusión política y la estética cruda del post-Watergate. La protagonista que da nombre al cómic, Normandy Gold, es la sheriff de un pequeño y gélido pueblo en Oregón. Normandy no es una heroína convencional; es una mujer de pocas palabras, forjada en la dureza del noroeste estadounidense y dotada de una determinación implacable. El motor de la trama se pone en marcha cuando su hermana menor, Lila, desaparece y es hallada muerta en Washington D.C. en circunstancias extremadamente turbias.
Ante la aparente indiferencia de las autoridades locales y la sospecha de que la muerte de su hermana es solo la punta del iceberg de algo mucho más profundo, Normandy decide abandonar su jurisdicción y viajar a la capital de la nación. Lo que sigue es un descenso a los infiernos de una ciudad que, bajo su fachada de monumentos y retórica democrática, esconde una red de depravación, prostitución de lujo y corrupción sistémica.
El guion de Abbott y Gaylin destaca por su capacidad para diseccionar las dinámicas de poder. Washington D.C. se presenta no como un centro de orden, sino como una jungla de asfalto donde el sexo es una moneda de cambio y la vida humana tiene un valor ínfimo frente a la estabilidad de las carreras políticas. Normandy Gold, como forastera y figura de autoridad rural, actúa como el elemento disruptor en este ecosistema. Su enfoque de la justicia es directo y físico, contrastando violentamente con las sutiles puñaladas por la espalda de los pasillos del Congreso.
Visualmente, Steve Scott realiza un trabajo magistral al capturar la atmósfera de los años 70. Su estilo se aleja de la exageración superheroica para abrazar un realismo sucio pero elegante. El diseño de personajes es preciso; Normandy posee una presencia física imponente que transmite su peligrosidad sin necesidad de diálogos extensos. La paleta de colores y el entintado refuerzan esa sensación de cine negro clásico, con sombras alargadas y una iluminación que evoca el humo de los cigarrillos y las luces de neón de los moteles de carretera.
Uno de los puntos más fuertes de *Normandy Gold* es cómo subvierte los tropos del género. Aunque bebe directamente de clásicos del cine de venganza como *Get Carter* o *Point Blank*, el hecho de que la protagonista sea una mujer en un mundo dominado por hombres añade una capa de tensión adicional. Normandy debe navegar no solo por la red criminal que asesinó a su hermana, sino también por el sexismo institucionalizado de la época. No busca redención ni perdón; busca la verdad y, sobre todo, retribución.
La narrativa avanza con un ritmo cinematográfico, alternando momentos de investigación procedimental con estallidos de violencia seca y brutal. La trama se complica a medida que Normandy descubre que Lila estaba involucrada en un círculo de "escorts" que prestaban servicios a las figuras más influyentes del país. La conspiración que se desvela no solo implica a criminales comunes, sino que escala hasta los niveles más altos del gobierno, planteando la pregunta de si una sola mujer, por muy decidida que esté, puede realmente hacer mella en una estructura diseñada para protegerse a sí misma.
En conclusión, *Normandy Gold* es un ejercicio de estilo impecable dentro del género criminal. Es una obra que respeta las convenciones del *hardboiled* mientras aporta una perspectiva fresca y necesaria. Para el lector de cómics, ofrece una experiencia madura, alejada de los artificios fantásticos, centrándose en la psicología de la venganza y el retrato de una época donde la inocencia americana ya se había perdido definitivamente. Es, en esencia, un relato sobre la colisión entre la justicia personal y la corrupción institucional, ejecutado con una precisión quirúrgica por un equipo creativo en la cima de su talento.