Publicado originalmente por Image Comics a finales de la década de los 90, "Nine Volt" es una obra que encapsula la experimentación visual y narrativa de una era de transición en el noveno arte. Escrita por Scott Lobdell y dibujada por un joven pero ya asombroso J.H. Williams III, esta miniserie se sumerge en los tropos del cyberpunk y la ciencia ficción distópica para ofrecer una visión cruda, estilizada y profundamente atmosférica de la relación entre la humanidad y la tecnología.
La historia nos sitúa en un futuro no muy lejano, un entorno urbano opresivo donde la línea entre lo biológico y lo digital se ha vuelto peligrosamente delgada. El protagonista, que da nombre al título, es un niño con una capacidad extraordinaria y aterradora: la tecnopatía. Nine Volt no solo interactúa con las máquinas; las siente, las comprende y puede manipularlas a un nivel molecular y energético que desafía las leyes de la física convencional. Sin embargo, en este mundo dominado por corporaciones omnipotentes y una vigilancia constante, este don es también su mayor condena. Un individuo capaz de subvertir cualquier sistema de seguridad es el activo más valioso del planeta y, simultáneamente, la amenaza más peligrosa para el statu quo.
La trama arranca con el protagonista en una situación de vulnerabilidad extrema. A diferencia de los héroes tradicionales del género, Nine Volt no es un guerrero curtido ni un rebelde con una agenda política clara; es un niño atrapado en un juego de ajedrez global que apenas alcanza a comprender. Su viaje es uno de supervivencia pura, mientras intenta escapar de las garras de organizaciones que ven en su cerebro la clave para el control total de la red global. A medida que avanza la narrativa, el lector es testigo de cómo el protagonista debe aprender a dominar sus habilidades no solo para defenderse, sino para intentar preservar su propia identidad en un entorno que busca despojarlo de su humanidad para convertirlo en una herramienta de procesamiento de datos.
Uno de los pilares fundamentales de "Nine Volt" es, sin duda, su apartado visual. J.H. Williams III, quien años más tarde se consagraría como uno de los mejores artistas de la industria con obras como *Promethea* o *Batwoman*, ya muestra aquí las semillas de su genio. Su narrativa gráfica rompe con la estructura tradicional de viñetas, utilizando composiciones orgánicas y experimentales que reflejan el caos y la fluidez de la información digital. El arte no es un mero acompañamiento del guion de Lobdell, sino que es el vehículo principal para transmitir la desorientación y el asombro que siente el protagonista. Los diseños de personajes y los entornos industriales están cargados de un detalle meticuloso que refuerza la atmósfera asfixiante de la historia.
Temáticamente, el cómic explora la alienación en la era de la información. A través de los ojos de Nine Volt, la obra plantea preguntas sobre qué significa ser humano cuando nuestra existencia depende enteramente de circuitos y códigos. El guion evita los clichés del héroe invencible para centrarse en la fragilidad de la infancia frente