Nathan Never: El rostro humano del futuro distópico
Publicado por primera vez en junio de 1991 por la editorial italiana Sergio Bonelli Editore, *Nathan Never* representa uno de los pilares fundamentales de la ciencia ficción en el noveno arte europeo. Creado por el trío de guionistas sardos Michele Medda, Antonio Serra y Bepi Vigna, el cómic nació con la ambición de trasladar la sensibilidad del *noir* y la reflexión existencialista a un entorno futurista altamente tecnológico.
Contexto y ambientación
La historia se desarrolla en un futuro indeterminado, aproximadamente a finales del siglo XXI o principios del XXII, en un mundo que ha sido transformado radicalmente por una catástrofe geológica conocida como "La Catástrofe" (o el Primer Desastre). Este evento alteró la geografía terrestre y obligó a la humanidad a reorganizarse en gigantescas megalópolis verticales. La acción principal se sitúa en la Ciudad Este (East City), una urbe asfixiante y estratificada donde la opulencia de los niveles superiores contrasta con la degradación y el crimen de los niveles inferiores.
El universo de *Nathan Never* es un crisol de influencias cinematográficas y literarias. Bebe directamente de la estética *cyberpunk* de *Blade Runner*, la robótica ética de Isaac Asimov, la épica espacial de *Star Wars* y la atmósfera desencantada de la novela negra clásica de Raymond Chandler. Sin embargo, logra forjar una identidad propia al centrarse no solo en la tecnología, sino en las consecuencias psicológicas de vivir en un mundo donde lo artificial amenaza con suplantar lo humano.
El protagonista
Nathan Never no es el héroe de acción invulnerable común en el género. Es un hombre marcado por la tragedia, un ex-policía que se vio obligado a reinventarse tras un evento traumático que destruyó su núcleo familiar: el asesinato de su esposa y el secuestro de su hija, Ann, quien quedó sumida en un estado de autismo profundo debido al trauma. Este pasado dota a Nathan de una melancolía perenne y un carácter reflexivo y solitario.
Físicamente, su rasgo más distintivo es su cabello blanco, resultado del choque emocional vivido años atrás. A diferencia de muchos de sus contemporáneos en este futuro distópico, Nathan rechaza los implantes cibernéticos y las mejoras biotecnológicas. Prefiere confiar en sus instintos, su entrenamiento físico y su capacidad deductiva, lo que lo convierte en un anacronismo viviente en un mundo obsesionado con la perfección técnica. Es un bibliófilo que colecciona libros de papel y películas antiguas, aferrándose a los restos de una cultura que el resto del mundo parece haber olvidado.
La Agencia Alfa
Nathan trabaja como Agente Especial para la Agencia Alfa, una organización de seguridad privada dirigida por el pragmático y misterioso Solomon Darver (y anteriormente por Edward Reiser). En un futuro donde la policía pública es ineficiente o está corrompida, las agencias privadas como Alfa se encargan de resolver casos que van desde el espionaje industrial y el terrorismo tecnológico hasta la captura de mutantes y la investigación de crímenes cibernéticos.
El reparto de secundarios es fundamental para la riqueza de la serie. Destaca Legs Weaver, inspirada visualmente en Sigourney Weaver, quien es la compañera de armas de Nathan y aporta un contrapunto de acción y dinamismo. También encontramos a Sigmund Baginov, el genio informático de la agencia, esencial para navegar por la compleja red de datos del futuro, y a otros agentes con habilidades diversas que permiten que las tramas varíen entre el procedimental policial y la *space opera*.
Temáticas y estructura narrativa
El cómic aborda temas complejos y maduros. La inteligencia artificial y los derechos de los androides son recurrentes, planteando dilemas morales sobre qué define realmente a un ser vivo. La ecología, la manipulación genética, el poder de las corporaciones transnacionales y la soledad urbana son ejes sobre los que pivotan sus guiones.
Narrativamente, *Nathan Never* se estructura en episodios autoconclusivos que, no obstante, alimentan una continuidad a largo plazo. A lo largo de las décadas, los lectores han sido testigos de la evolución del mundo, guerras espaciales, cambios en la administración de la ciudad y el envejecimiento real de sus personajes. El estilo visual, tradicionalmente en blanco y negro siguiendo el formato Bonelli, ha contado con artistas de la talla de Claudio Castellini, Roberto De Angelis y Nicola Mari, quienes han sabido plasmar tanto la suciedad de los suburbios como la frialdad del acero y el cristal de la tecnología punta.
En definitiva, *Nathan Never* es una obra que utiliza la ciencia ficción como un espejo para analizar la condición humana, el dolor de la pérdida y la búsqueda de justicia en un mañana que, aunque tecnológicamente avanzado, sigue lidiando