La figura de Napoleón Bonaparte ha trascendido los libros de texto para convertirse en un icono cultural absoluto, y su traslación al noveno arte no es una excepción. En la obra titulada simplemente 'Napoleón', publicada bajo el prestigioso sello de la colección *“Ils ont fait l'Histoire”* (Ellos hicieron la Historia) de Glénat, nos encontramos ante una de las aproximaciones más rigurosas, ambiciosas y visualmente impactantes que se han realizado sobre el estratega corso en el formato de novela gráfica.
Escrito por el guionista Noël Simsolo y con el arte detallista de Fabrizio Fiorentino, este cómic no es una mera sucesión de fechas y batallas, sino un retrato psicológico y político que intenta descifrar el enigma del hombre que redibujó las fronteras de Europa. La obra se aleja de la hagiografía complaciente y del panfleto crítico para situarse en un terreno de realismo histórico fascinante, donde la narrativa secuencial se pone al servicio de la complejidad humana.
La sinopsis nos sitúa inicialmente en una Francia convulsa, todavía sangrante por las heridas de la Revolución. El relato arranca con un joven oficial de artillería, un "extranjero" en su propia tierra de adopción, que posee una ambición tan vasta como su capacidad de cálculo. A través de las viñetas, asistimos al ascenso meteórico de un hombre que supo leer el caos de su tiempo como nadie. Desde el asedio de Tolón hasta las arenas de Egipto, el cómic despliega un tapiz donde la estrategia militar se entrelaza con las intrigas de los salones parisinos.
Sin embargo, el corazón de esta obra reside en la dualidad de su protagonista. Por un lado, vemos al genio táctico capaz de mover ejércitos como piezas de ajedrez, el hombre que modernizó el Estado, creó el Código Civil y soñó con una Europa unida bajo la égida de la razón (y su mando). Por otro, la narrativa nos permite vislumbrar al individuo solitario, al esposo atormentado por las infidelidades de Josefina y al líder cuya hybris —esa soberbia clásica de los héroes trágicos— comienza a nublar su juicio a medida que el mapa se tiñe del azul imperial.
Visualmente, el trabajo de Fabrizio Fiorentino es una delicia para los amantes del detalle histórico. La documentación es exhaustiva: desde la precisión de los uniformes de la Gran Armée hasta la arquitectura de los palacios y la crudeza de los campos de batalla. Las composiciones de página logran transmitir tanto la claustrofobia de las reuniones políticas como la escala épica de los enfrentamientos que definieron una era. El color juega un papel fundamental, evolucionando desde los tonos terrosos y oscuros de la lucha revolucionaria hacia los dorados y rojos vibrantes del Primer Imperio, para luego decaer en una paleta más fría y melancólica.
Lo que hace que este cómic sea una pieza imprescindible para cualquier coleccionista es su capacidad para sintetizar décadas de historia sin perder el ritmo narrativo. No se siente como una lección de historia árida, sino como un drama shakesperiano donde el destino de millones de personas depende de la voluntad de un solo individuo. La obra explora cómo Napoleón no solo conquistó territorios, sino que conquistó el concepto mismo de la modernidad, dejando un legado que, para bien o para mal, sigue vivo en las instituciones actuales.
En conclusión, 'Napoleón' es una invitación a recorrer el camino de la gloria y la caída. Es la crónica de un sueño que se convirtió en imperio y de un hombre que, al intentar alcanzar la inmortalidad, terminó enfrentándose a su propia humanidad en la soledad de una isla remota. Una lectura obligatoria que demuestra que el cómic es, posiblemente, el mejor medio para capturar la magnitud de una vida que parece haber sido escrita para la ficción, pero que fue asombrosamente real. Sin duda, una obra que satisface tanto al historiador exigente como al lector que busca una narrativa épica y emocionalmente resonante.