Nancy in Hell es una de las propuestas más audaces, viscerales y visualmente impactantes dentro del panorama del cómic independiente de las últimas décadas. Creada por el guionista malagueño El Torres y el dibujante Juan José Ryp, esta obra se posiciona como un homenaje directo al cine de explotación, el género *grindhouse* y las películas de serie B de los años 70 y 80, pero trasladando esos códigos al lenguaje secuencial con una crudeza y un detalle que solo el noveno arte permite.
La premisa de la obra nos presenta a Nancy, una joven cuya vida termina de forma abrupta y violenta. Sin embargo, su muerte no es el final, sino el comienzo de una pesadilla logística y existencial. Nancy despierta en el Infierno, pero no en la versión dantesca o bíblica tradicional de lagos de fuego y azufre eterno. El Infierno de El Torres es un páramo desolado, una suerte de vertedero cósmico donde van a parar las almas perdidas, los pecadores y los monstruos. Es un lugar que mezcla la estética de una película de carretera post-apocalíptica con el horror visceral más absoluto.
Desde el primer momento, la narrativa establece que Nancy no es la típica damisela en apuros. Aunque inicialmente se encuentra desorientada y aterrorizada, su instinto de supervivencia toma el control. En este entorno hostil, donde los demonios cazan por placer y las almas humanas se corrompen hasta convertirse en sombras de lo que fueron, Nancy encuentra una herramienta que se convertirá en su sello distintivo y en su única esperanza: una motosierra. Este elemento no es solo un guiño a clásicos como *The Texas Chain Saw Massacre* o *Evil Dead*, sino que simboliza la voluntad de la protagonista de abrirse paso a través de la condenación mediante la fuerza bruta y la determinación.
El desarrollo de la trama se estructura como una *road movie* a través de las diferentes capas y regiones de este inframundo. A lo largo de su viaje, Nancy se encuentra con una galería de personajes grotescos y fascinantes. Entre ellos destaca una versión muy particular de Lucifer. Lejos de ser el soberano absoluto y temible, el Lucifer de esta obra es presentado como una figura cansada, cínica y caída en desgracia, que camina por su propio reino con una mezcla de aburrimiento y melancolía. La interacción entre Nancy y este ángel caído es uno de los pilares narrativos del cómic, ofreciendo diálogos cargados de humor negro y una reflexión sobre la naturaleza del mal y la redención.
Visualmente, el cómic es una experiencia abrumadora gracias al talento de Juan José Ryp. Su estilo se caracteriza por un "horror vacui" donde cada viñeta está saturada de detalles. Ryp no escatima en mostrar la anatomía de los demonios, la suciedad del entorno y la violencia de los enfrentamientos. Su dibujo es hiperdetallado, casi quirúrgico, lo que potencia la sensación de incomodidad y realismo dentro de un contexto fantástico. La capacidad del artista para plasmar el movimiento y la carnicería convierte cada escena de acción en un despliegue coreográfico de sangre y metal.
A pesar de su apariencia de cómic de acción desenfrenada, *Nancy in Hell* subyace una exploración sobre la identidad. Nancy debe luchar no solo contra las entidades externas que quieren devorar su alma, sino contra la propia degradación que el Infierno impone a quienes lo habitan. La pregunta que recorre las páginas es si es posible mantener la humanidad en un lugar diseñado específicamente para destruirla.
En resumen, *Nancy in Hell* es una obra imprescindible para los amantes del terror y la acción sin concesiones. Es un cómic que entiende perfectamente sus referentes y los utiliza para construir una mitología propia, sucia y vibrante. La colaboración entre El Torres y Ryp logra un equilibrio perfecto entre un guion dinámico, que subvierte los tropos del género, y un apartado gráfico que desafía los límites de la página. Es una historia de supervivencia extrema donde la única regla es seguir adelante, sin importar cuántos demonios haya que despedazar en el camino.